Vaiana

 Parece que Disney se está adaptando a los nuevos tiempos y los roles de sus personajes femeninos están cambiando. La absorción de Pixar supuso la asimilación de su equipo creativo y la nueva savia le ha venido francamente bien al gigante de la animación. Llegan olas refrescantes al mortecino repertorio de Disney. Las nuevas heroínas ya no son siempre de raza blanca, no olvidemos que Tiana y el sapo fue la primera película de Disney protagonizada por una chica de color tras 80 años de historia. Nunca es tarde si la dicha es buena.
En Vaiana la protagonista tampoco es exactamente una princesa, es la hija del jefe de la tribu de la Polinesia, que es parecido. Ni siquiera hay aquí una historia de amor ni un príncipe azul, elementos que no son necesarios y que uno aprecia que no se incluyan con calzador. Aquí, como en Brave, es la chica la que debe sacarse las castañas del fuego si quiere sobrevivir. Se agradecen igualmente estos gestos hacia otras etnias y que salgamos de los ambientes palaciegos. Los avances en la trama y los personajes se quedan cortos con los avances técnicos. En Vaiana el mar es el absoluto protagonista, estando en el 80% de las escenas, siendo su representación en pantalla simplemente asombrosa. La verdad es que la animación por ordenador de esta película es fascinante. Las escenas marinas son para quedarte con la boca abierta, también las texturas de los tatuajes son asombrosos. Técnicamente nos encontramos ante un film espectacular, todo un paso de gigante en la animación por ordenador.
John Musker y Ron Clements son los responsables de éxitos de la factoría Disney como Aladdin, La sirenita, Hércules o Tiana y el sapo. Su solvencia está más que probada y una vez más demuestran su total dominio de la técnica. Más allá de las novedades ya citadas, la historia no es muy novedosa pero, al menos, no es la enésima repetición de caducos esquemas. Cierto que la historia no tiene ni pies ni cabeza, pero no procede ponerse quisquilloso con este tipo de historias, es mejor dejarse llevar e intentar que la magia haga efecto en uno como cuando éramos niños. Vaiana me ha maravillado por momentos gracias a la fuerza de sus imágenes. Se hace muy ágil y divertida para los niños (ese pollo es un hallazgo) mientras a los mayores sus 113 minutos no se nos hacen pesados, excepto por las inevitables canciones metidas con calzador. Uffff. Reconozco que algunas canciones me sobraron, son pegajosas y sirven para reforzar las imágenes pero no están a la altura de éxitos recientes como Frozen o Enredados. Al menos, en la primera escucha. Ya os diré cuando las haya escuchado cientos de veces.
Debo citar que me agradaron ciertos toques de auto parodia o esa fugaz aparición de cierto reno que salía en un film reciente de la factoría. Incluso, al final de los títulos de crédito (algo que ya usaba Pixar) hay una cita a un divertido personaje del imaginario creado por Disney. Los de Disney saben que sus películas son clásicos para varias generaciones y que han pasado a formar parte de nuestra cultura (nos guste o no) y las usan como referencia. Otra novedad que es bienvenida. Hablando de referencias, igual son cosas mías, yo vi cierto tono a lo Miyazaki y un claro homenaje a Mad Max: Fury road.
 Vaiana se pasa en un suspiro y es todo un alarde visual que bien merece pagar una entrada de cine. Mis hijos han salido encantados y sus padres también.

The Neon Demon


Recuerdo que juré no volver a ver ninguna película del pedante y aburrido Nicolas Winding Refn tras ver Sólo dios perdona . Al final, me ha podido el morbo y he vuelto a picar el anzuelo. La culpa es mía, lo sé, pero la historia prometía. Una joven modelo recién llegada a Los Ángeles descubre los sinsabores de la profesión. Una preciosísima fotografía y una cuidada puesta en escena prometían un estimulante espectáculo visual. Y ahí es donde no defrauda el amigo Nicolas Winding Refn, que ahora le da por firmar NWR. The neon demon es todo un disfrute audiovisual. Esos colores saturados de la fotografía de Natasha Braier se fusionan de forma magistral con la música de Cliff Martínez provocando una experiencia sensorial muy poco habitual en el cine actual. Los títulos de crédito me parecieron simplemente fascinantes, lo mejor de la película. El resultado resulta hipnótico durante buena parte del metraje, pero uno acaba dándose cuenta de que le están tomando el pelo. The neon demon no es una película, es un caro vídeo clip de 2 horas.
The neon demon viene a ser la sublimación de todo lo que Nicolas Winding Refn (o NWR) nos ha ofrecido hasta la fecha. Es un film salvaje y libre de toda cortapisa, un rara avis que no teme combinar géneros en busca de su propia personalidad. Obviamente, Nicolas Winding Refn no anda escaso de personalidad o, mejor dicho, de ego. Sin embargo, el castillo de naipes que construye a base de un apartado técnico fascinante se va al carajo gracias a su exasperante falta del ritmo y su incapacidad narrativa. A NWR le importa un bledo contar una historia, eso está pasado de moda. Refn busca crear sensaciones en el espectador, sensaciones que van de la fascinación inicial a la repulsión pasando por el hastío. Por algo es seguidor de Jodorowsky. Reconozco que el film tiene aciertos visuales y en algunos momentos casi creí que estaba ante un film realmente importante, pero todo se quedó en nada. Una vez más, Nicolas Winding Refn nos aburre con sus lentos travelings y sus eternos silencios mientras es incapaz de que sus escasos diálogos espanten el tedio. Quizás sea injusto por nuestra parte valorar The neon demon como una película y no como una experiencia.

Entiendo su fascinación por el lado más turbio de la moda. Le compro la idea de la sociedad excesivamente pendiente de la imagen y ese terrible culto al cuerpo. La belleza es un arma de doble filo. Que los hombres son todos unos machistas obsesos sexuales (vamos, unos cerdos) y que la sociedad ha convertido a las mujeres en meros objetos sexuales tampoco lo ha descubierto este señor. Millones de mujeres viven bajo la tiranía impuesta por la sociedad machista que les obliga a maquillarse ocultando sus defectos o desviaciones de unos cánones de belleza inalcanzables. Cánones creados por la moda y la publicidad. Millones de mujeres viven mostrando su mejor cara, una que no es realmente la suya, en busca de agradar a los demás y no a sí mismas. Ya sabemos que la belleza es efímera pero da poder, todos quieren poseer la belleza y muchos estarían dispuestos a cualquier cosa por conseguirlo. Que sí, que el mundo de la moda está lleno de vampiros sin escrúpulos. Ya lo sabemos todos. Profundas reflexiones que bien merecen una película y que NWR ha sido incapaz de desarrollar. O quizás nunca fue esa su intención, quizás solamente pretendiera hacer un interminable vídeo musical.
The neon demon muta del aburrimiento al asco en un giro final que pretende sorprender y realmente nos deja indiferentes. La belleza depende del ojo del observador, otra obviedad de Refn se toma de forma literal y sin sutilezas. NWR se queda en la superficie y no profundiza, su película está vacía, no hay nada tras su fantástica apariencia. Ni siquiera resulta tan perturbador cuando intenta provocar, escenas como la de la ducha y el depósito de cadáveres me resultaron totalmente gratuitas. Debo destacar alguna frase que pretende ser trascendente y resulta ridícula tipo ” La belleza no lo es todo, es lo único” o “No quiero ser como ellos, ellos quieren ser yo”. Tampoco el reparto transmite la más mínima empatía ni convicción en sus interpretaciones. Elle Fanning está preciosa pero transmite menos que un clavo oxidado. Lo mismo se puede decir del resto del reparto. Por cierto, no sé qué pinta Keanu Reeves en ese papel que podría haber interpretado cualquier otro actor.
A mí me da por pensar que Nicolas Winding Refn pretendía hacer una obra de arte que dividiera la historia del arte (quien sabe de la humanidad) en dos. Un hito que sirviera para contabilizar el tiempo transcurrido desde su estreno así como ahora contamos en occidente el tiempo desde el nacimiento de Cristo. Pero sus pretensiones no van acompañadas de su talento, ni de lejos. Su film se hace pretencioso y aburrido como pocos. Tras esa pasmosa y electrizante puesta en escena no hay nada. Como si de una preciosista metáfora del mundo de la moda se tratara, The neon demon es un elaborado envoltorio para un gran vacío. No hay nada bajo la superficie, únicamente una historia simplona mil veces vista.

Si valoramos The Neon Demon como un vídeo clip, resulta demasiado largo. Si lo valoramos como un tratado sobre la moda y la belleza, resulta ridículo por su obviedad. Y si lo valoramos como película de terror resulta totalmente vacía.

Café society


 Café society probablemente será recordada por propiciar el encuentro profesional entre Woody Allen (80 años) y el maestro de la fotografía Vittorio Storaro (76 años). Storaro es quizás el director de fotografía vivo más influyente y justo ganador de 3 Oscars por Apocalypse Now, Reds y El último emperador. Casi nada. El encuentro se debió a que Darius Khondji,  director de fotografía de las 4 últimas películas de Allen, no estaba disponible y Allen pensó en Storaro. Estos dos veteranos han afrontado juntos el salto a la era digital. Café society es la primera película que ambos ruedan en digital, sin celuloide. El cambio no ha sido traumático, se trataba de no luchar contra la imparable corriente del progreso y adaptarse a los nuevos tiempos. Tras 58 películas en celuloide, Storaro ha esperado a dar el salto hasta que encontró una cámara (la Sony F65 4K) que fuera capaz de captar su particular forma de entender la luz. Para Storaro la luz lo es todo y todo es luz. El resultado del cambio a lo digital no puede haber sido mejor. La inspiración de la fotografía de Storaro para esta película ambientada en los años 30 hemos de buscarla en fotógrafos como Alfred Stieglitz, Edward Steichen o la pintora Georgia O’Keeffe. El resultado ha sido tan favorable que Storaro urge a las empresas propietarias de los cines a que instales proyectores 4K, actualmente lo más que hay son 2K. La verdad es que el resultado es impresionante. Café society es una gozada para la vista.
Otra novedad de Café Society supone que fuera lanzada por Amazon Studios y Lionsgate. Que Amazon financie un film de Allen nos da a entender que Allen sigue siendo un valor en alza, también entiendo como buena noticia que haya rodado una serie de televisión para Netflix. Los tiempos están cambiando y Woody Allen parece adaptarse magistralmente.
La historia de Café society se desarrolla en dos ambientes totalmente diferentes, por un lado el Hollywood y por otro el Bronx. La historia de este joven judío neoyorkino (Jesse Eisenberg) que busca fortuna en Hollywood y se enamora de la secretaria (Kristen Stewart) de un influyente agente de Hollywood (Steve Carell), quien, además, es su tío. Nada nuevo bajo el sol. Incluso no cuesta nada imaginarse a Jesse Eisenberg  como un joven Woody Allen ¿Siempre sus protagonistas deben ser judíos y neuróticos como el propio Allen? Estamos ante la típica historia de Woody Allen sobre esa clase acomodada que no acaba de ser feliz. Se palpa la nostalgia por ese Hollywood dorado de los años 30 que ya nunca volverá. El envoltorio es inmejorable, una perfecta recreación de la época gracias a Storaro y la soberbia música de Vince Giordano And The Nighthawks, pero el guión de Allen no está a la altura. Si Café society es todo un espectáculo audiovisual, su guión desmerece el conjunto.

 El problema es que su historia no llega al espectador, no divierte. Hay equívocos y medias verdades y Allen sigue haciendo uso de su sarcasmo hacia la religión judía pero Café society no es una comedia. O, al menos, tal y cómo entendemos hoy la comedia. Escenas como la de la madre o la visita de la prostituta podrían haber sido muy divertidas, pero Allen las conduce hacia un lánguido término medio. De hecho, Allen pretende no caer nunca del lado del drama ni de la comedia. Mantiene un tono amable y liviano mientras la historia avanza a buen ritmo aunque quizás peque de indefinición o quizás ese sea precisamente su gran virtud. Esta historia podría haber sido una gran comedia llena de enredos o una apasionada historia de amor, pero Allen prefiere la contención y las medias tintas. Allen huye de la ironía y los diálogos afilados en busca de una introspección de los personajes que nunca llega a calar en el espectador. Al final uno se da cuenta que hemos asistido a un drama, pues no me había dado cuenta durante todo el metraje. Debo reconocer que la historia me dejó frío. Esa tierra de nadie por la que hábilmente transita no acabó de satisfacerme. Hay que reconocerle el valor a Woody Allen por perpetrar un guión así, pero esta vez su propuesta dista mucho de ser redonda.
Quizás a la tibieza del resultado final haya contribuido la floja interpretación de un Jesse Eisenberg que no resulta creíble en ningún momento, siempre parece incómodo. Al menos, Kristen Stewart está bastante correcta, ya no se mesa continuamente el pelo como en Crepúsculo. También sorprende Steve Carrell una vez en un registro alejado de la comedia. De la modelo Blake Lively únicamente puedo decir que me sorprendió muy gratamente su naturalidad en pantalla.
Resumiendo, yo prefiero el Allen más ácido frente a este Allen introspectivo. Quizás vaya siendo hora de retirarse, maestro. Al menos, el film nos permite disfrutar del trabajo del genio Storaro y la música de Vince Giordano.


Un monstruo viene a verme (A Monster Calls)

Dice J.A. Bayona que con Un Monstruo viene a verme culmina su particular trilogía sobre la familia. Bien podría considerarse que su todavía corta (pero de indudable calidad) filmografía gira sobre el tema de la familia o, mejor dicho, sobre la pérdida de ésta. En todas sus películas padre o hijos se enfrentan a una pérdida irreparable. Es ese miedo a la muerte y a la ausencia lo que parece que ha sido el motor de Bayona en esta primera fase de su más que prometedora carrera. Un monstruo viene a verme es la culminación de esa obsesión por la pérdida, pero también versa sobre la aceptación de la misma. El joven protagonista (demasiado mayor para ser un niño, demasiado joven para ser un adulto) descubrirá que madurar es aceptar nuestras limitaciones y abandonar nuestros sueños. En definitiva, aceptar nuestra mortalidad y, por ende, la de los demás. Supongo que ahora que Bayona ha aceptado rodar Jurassic World 2 los temas familiares quedaran algo aparcados, aunque algo me dice que seguro que en esa cinta también habrá padres intentando salvar a sus hijos en peligro.

En Un Monstruo viene a verme Bayona nos entrega en imágenes un guión de Patrick Ness, quien adapta su propia novela, algo que siempre es una garantía. Un guión sobre un muchacho que debe afrontar la grave enfermedad de su madre y la posibilidad de perderla para siempre. A todo ello hay que sumarle el acoso escolar que sufre y la mala relación con su abuela. No es que la trama sea especialmente novedosa, incluso me recordó a El laberinto de Fauno por la capacidad del niño de usar la fantasía para huir de una terrible realidad, pero está rodada de una manera impecable. Qué demonios. No puedo ponerle ningún pero a la forma de rodar de Bayona. El tipo es un gran artesano a la hora de contar historias. Técnicamente estamos ante una película que roza la perfección, con una ambientación, una dirección artística y unos efectos especiales simplemente perfectos. A todo ello hay que añadirle el hecho de que, como ya pasó con Lo imposible, no estamos ante una gran producción de Hollywood. Por mucho que la historia se ambiente en Gran Bretaña y aparezcan actores de renombre internacional como Sigourney Weaver, Liam Neeson o Felicity Jones, estamos ante una película española en la que buena parte del capital es español.

 Sin embargo, la historia no alcanza el nivel de emoción de Lo imposible, cosa que tampoco esperaba nadie ni era obligatorio intentar. Bayona se obstina una y otra vez en intentar hacernos soltar una lagrimita y resulta un tanto pesado. Esas cosas surgen en el espectador de manera espontánea. Desencadenar en el espectador tal emoción a base de imágenes y sonido es lo que yo llamo la magia del cine. Más allá de una industria y una técnica, yo entiendo el cine como esa capacidad de provocar emociones en el espectador. Y Bayona sabe hacerlo. Reconozco que se me puso un nudo en la garganta y se me arrasaron los ojos varias veces, pero algunos momentos del final me resultaron redundantes e innecesarios. Bayona comete un único error que consiste en intentar convertir la sala de cine en un mar de lágrimas. Si todavía no has llorado, voy a sacarme de la manga otra escena intensa para ver si ahora te hago llorar. Alguna elipsis narrativa no hubiera estado nada mal. Quizás el montaje final se les quedaba muy corto y decidieron no recortar alguna escena que ahonda innecesariamente en el dolor. Reconozco que es la única pega que le he visto a esta excelente película. 

Tampoco es un gran fallo que invalide los momentos de buen cine que incluye la cinta: las visitas del monstruo y sus historias son realmente asombrosos, pero sí que le resta enteros para lograr ser la gran cinta que creo que Bayona buscaba.

LOS HOMBRES LIBRES DE JONES (FREE STATE OF JONES)


Free state of Jones podría definirse frívolamente como un cruce entre Robin Hood, Brave Heart, El patriota y 12 años de esclavitud. Pero no es una mera amalgama, es un film muy digno y con una marcada personalidad propia. Un film que se hace ameno a pesar de su duración y que nos regala momentos de buen cine.

 La historia en que se basa ocurrió realmente y narra la sublevación de un grupo de hombres del Sur contra las tropas confederadas en plena guerra de secesión americana (1861-1865). Hartos de luchar y ver morir a sus hijos en guerras para que los ricos siguieran manteniendo sus privilegios, hubo hombres que desertaron y volvieron a sus granjas para defenderlas de los abusos. Así, unieron sus destinos a los de los esclavos que había huido de sus amos. Blancos y negros se escondieron en los pantanos, donde la caballería no podía entrar, en busca de un futuro mejor. La figura de Newt Knight (Matthew McConaughey) fue fundamental para darle unidad a este movimiento de renegados. Bajo su mandato llegaron incluso a formar un estado independiente, el estado de Jones. Una historia que parece irreal, pero ya sabemos que cualquier cosa es posible en América, lo mejor y lo peor. También es evidente que , a pesar de las promesas, una vez finalizada la guerra todavía quedaba un largo camino hacia la igualdad de derechos civiles. Todavía hoy queda mucho por mejorar, basta con escuchar las noticias. Sin embargo, el film viene a decirnos que nada de esto se hubiera logrado si no hubiera habido gente dispuesta a luchar por lo que creían justo, aunque les costara la vida. El sueño americano es así, lleno de sinsabores.

Free state of Jones se sustenta sobre la presencia y el talento de un Matthew McConaughey inmenso. El tipo realmente llena la pantalla. Aquí compone otro personaje sureño, que se están convirtiendo en su especialidad, y , una vez más, lo borda. Esos dientes amarillentos, esa mirada y ese acento demuestran que estamos ante un gran actor. Él es la película y por él la película gana enteros.


 El director Gary Ross ha sido la eterna promesa durante las dos últimas décadas. Empezó su carrera con Pleasantville dejando la impresión de que estábamos ante un tipo con mucho talento. Sin embargo, sus siguientes películas me defraudaron un poco. Ni Seabiscuit ni Los juegos del hambre (que eran film más que decentes) estaban a la altura de lo que prometía su primer film. Hemos tenido que esperar hasta Free state of Jones para ver materializado finalmente todo el potencial de Ross. Cierto que el excelente ritmo de la primera parte decae algo en la segunda mitad. Quizás dos hora y media son demasiado. Pero Gary Ross acierta de pleno al huir del panfleto y de la lágrima fácil. Tampoco sacrifica la exactitud con los hechos reales en busca de un clímax ni un forzado happy end. El film pierde así espectacularidad pero gana en verosimilitud, demostrando ser una opción arriesgada. Reconozco que me sobró la historia que se cuenta en paralelo y que ocurre 70 años después de la guerra de secesión, me pareció un poco mal insertada en la trama. Únicamente sirve para demostrar que 70 años después el racismo estaba más que vigente. Lo dicho, los noticiarios evidencian que estamos todavía a medio camino.

Para terminar, debo destacar las magníficas fotografía y dirección artística. Todo un regalo para cualquier espectador con un poquito de sensibilidad. Si encima la historia está bien contada e interpretada, miel sobre hojuelas.


7

Jason Bourne


 Eso de estirar las sagas hasta lo inverosímil me ha parecido siempre una mala idea. Claro que en el negocio del cine no priman los intereses del público o los meramente artísticos, prima el dinero. La saga de Jason Bourne debería haberse quedado en las tres películas originales. Ya aquel sucedáneo de El legado de Bourne fue un film fallido. Por mucho que  ahora Matt Damon y Paul Greengrass hayan regresado a la franquicia, la cosa no ha dado los resultados esperados. Se podría pensar que la reunión del actor protagonista y el director principal de la franquicia vendría originada por una buena historia, nada más lejos de la realidad.
Cierto que Greengrass sigue siendo un maestro para las escenas de acción y las persecuciones pero todo ello palidece si viene acompañado de un torpe guión.Una pena que entre tanto dinero invertido no hubiera una partida para pagar un guión decente. La historia esta vez es de lo más simplona y la excusa para sacar a Jason Bourne de su escondite es de lo más peregrina. No hay quien se lo crea. Ahora Jason Bourne empieza a recuperar la memoria, cómo mola, y los malos de la CIA tienen algo decir sobre la muerte de su padre. No me digas. Para la siguiente entrega nos dirán que su madre está viva y presa en Libia.
 Mientras uno ve Jason Bourne no puede evitar que le asalte la sensación de innecesaria secuela cogida por los pelos. Ni siquiera hay una trama mínimamente interesante y la repetición de esquemas resulta preocupante. Esta franquicia creó escuela hace una década dentro del cine de ación (hasta James Bond tomó nota) pero ahora se suma al carro de la mediocridad. Una lástima. Me podría poner quisquilloso y hablaros largo y tendido de incongruencias y casualidades difíciles de creer como qué demonios pinta un director de la CIA en un congreso de redes sociales (lo flipo) o esos cachivaches de espías colocados estratégicamente en stands para que los coja el protagonista o ese mismo director de la CIA que, acosado por un asesino, pide quedarse solo en su habitación. Demasiadas casualidades que evidencian un pésimo guión que es una mera excusa para enlazar escenas de acción. La verdad es que uno hubiera agradecido que no se notara tanto que toman al espectador por idiota.
Lo que más me gustó del film es la electrizante persecución en moto por Atenas, escena que, por cierto, se rodó en Tenerife. Todo lo demás me resultó previsible y sin sentido. Tampoco esa persecución final en Las Vegas me pareció gran cosa debido a que han optado por la espectacularidad (o fantasmada) antes que la verosimilitud. Las anteriores entregas resultaban (o parecían) verosímiles, esta nueva entrega pierde toda su credibilidad en una escena final en la que las leyes de la física dejan de tener sentido. Y no es la única ocasión en la que ocurre.
Una vez más tenemos a buenos actores metidos en alimenticios papeles secundarios. Tenemos a la agente colaboradora de Bourne (Julia Stiles), el implacable asesino encargado de acabar con Bourne (esta vez interpretado por Vincent Casse), una ambigua agente de la CIA (Alicia Vikander). El villano de turno esta vez le ha caído al bueno de Tommy Lee Jones quien, pensando en la jubilación, seguro que ha agradecido el generoso cheque por participar en este proyecto. A Jones se le nota distante y poco comprometido, quizás se deba a que su personaje es un calco de los ya vistos en anteriores entregas o que, simplemente, pasaba en moto de implicarse. Otro que está bastante pasota es Matt Damon. No es que el tipo haya sido nunca un gran actor (por decirlo suavemente), pero aquí está especialmente inexpresivo. Se supone que toda la película recae sobre sus hombros pero el tipo es incapaz de transmitir nada con su expresión. He visto enchufes más expresivos. Lo de repartir mamporros se le da mejor. Y ni siquiera en eso está a la altura de anteriores entregas.

Supongo que los muy fans de Jason Bourne saldrán satisfechos ya que tendrán las dosis justas de acción pero no aporta nada que no hayamos visto y mucho mejor narrado en otras ocasiones.


KUBO Y LAS DOS CUERDAS MÁGICAS (KUBO AND THE TWO STRINGS)


Al inicio de Kubo y las dos cuerdas mágicas con la pantalla totalmente a oscuras, oímos la frase “Si han de parpadear, háganlo ahora”. La frase no podría estar mejor elegida para avisarnos del torrente visual que estamos apunto de contemplar. Una vez empieza la acción uno desea no perderse ni un solo fotograma de esta gran película de animación.
La galopante crisis creativa reinante en el cine comercial (repleto de remakes y secuelas) es especialmente sangrante en el cine de animación. Los grandes estudios evitan el riego y explotan franquicias de probada rentabilidad. Ahí siguen empecinadas en alargar hasta el ridículo sagas agonizantes como Kung Fu Panda o Ice Age (que ya va por la quinta entrega). Cualquier película de animación que tenga éxito debe tener una continuación o un spin off, ahí está Gru con sus dos entregas y el film sobre Los minions. Incluso Pixar ha patinado con secuelas como Cars 2, Monstruos University o Buscando a Dory.
Por suerte, no todo está perdido. Como si de la aldea gala de Astérix se tratara, hay una compañía de animación que resiste en medio de tanto miedo a salir de la zona de confort. Me refiero a los estudios Laika Animation, quienes han hecho de la calidad, el riesgo y la innovación una característica de sus productos. Laika se caracteriza por hacer animación a base de la vieja técnica del stop motion (ayudada puntualmente por algo de ordenador) y por unas historias más sombrías de lo habitual y no destinadas exclusivamente al público infantil. Su andadura empezó de forma brillante en 2009 con Los mundos de Coraline bajo la  dirección de Henry Selick (Pesadilla antes de navidad, James y el melocotón gigante) basada en la novela de Neil Gaimam (un autor que lleva el riesgo en su ADN). Luego vino El alucinante mundo de Norman (2012) que mantuvo el nivel y Los Boxtrolls (2014) que, en mi opinión, fue un paso en falso. Sin embargo, con Kubo han vuelto a su mejor nivel.
Kubo y las dos cuerdas mágicas es una excepcional película de aventuras. Su historia es mucho más compleja de lo que estamos acostumbrado y algunos pasajes son realmente tenebrosos. Vamos, que estamos ante un film más cercano a los films de estudio Ghibli que a la ñoñería de Disney. Algo que es muy agradable para los espectadores adultos, da gusto que no te traten como un idiota en la sala de cine.
La verdad es que Travis Knight se estrena en la dirección de manera impecable. Su film es un prodigio visual lleno de poesía y belleza conjugado sabiamente con el mejor cine de aventuras. Kubo y las dos cuerdas mágicas no es solamente es un regalo para los ojos, su historia es una maravilla. El guión tiene matices, los personajes no son planos, evolucionan y todo tiene un significado. Hasta las dos cuerdas del título. Estamos ante el típico viaje iniciático del joven héroe, nada nuevo bajo el sol, pero con las suficientes variantes como para hacerlo fascinante. Valga como ejemplo que el protagonista es un chico discapacitado que se gana la vida como narrador callejero de historias a la vez que cuida de su madre. Nada de princesitas aburridas en sus castillos en busca del príncipe azul. También los secundarios están mucho más elaborados en el guión, nada es lo que parece y reconozco que algunos giros me pillaron por sorpresa. Pero todo film de aventuras depende de sus villanos, en este caso las dos brujas hermanas son tan malvadas como terroríficas. Es cierto que a los más pequeños algunos pasajes les pueden asustar un poco pero los acertados toques de humor y la camaradería que desprende el film lo acercan a terrenos muy adecuados para los peques. Mis hijos pasaron algo de miedo, se asustaron, se rieron, se divirtieron, se maravillaron y vibraron con esta historia. Todo un torbellino emocional.
Ya para acabar, debo destacar que el tratamiento a la cultura en la que enmarca su historia. No es mero folclore ni se limitan a copiar paisajes y edificios. Se nota un verdadero interés por la cultura japonesa y su tradición. Me agradó mucho la partitura de Dario Marianelli y su manera de basarse en la música tradicional japonesa. Hablando de música, me sorprendió la excelente versión que Regina Spektor se ha marcado con aires japoneses del While my guitar gently weeps de George Harrison que acompaña a los bellísimos los títulos de crédito finales (que recomiendo ver hasta el final).

Kubo y las dos cuerdas mágicas es, por ahora, la mejor película de animación de 2016.


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