PASAJEROS (PASSENGERS)

Pasajeros es un blockbuster cuyo principal atractivo de cara al gran público es la presencia de Jennifer Lawrence y Chris Pratt. Ellos son las estrellas de este blockbuster romántico-espacial que parece escrito para su lucimiento. Para dirigir este proyecto se eligió al noruego Morten Tyldum quien sorprendió gratamente con el film Headhunters y confirmó su buen hacer con The imitation game. Sinceramente, En Passengers no se nota que haya personalidad ninguna tras la cámara. Como la nave Avalón del film, todo parece ir en piloto automático y sin mayores sobresaltos. Tyldum cumple, nada de innovar o sorprender, y entrega un blockbuster que será un gran éxito de taquilla, pero no deja intuir su personalidad. Lo que se inicia como una estimulante película de ciencia ficción va mutando a una correcta comedia romántica. Objetivo cumplido. Passengers es un film correcto que se deja ver y entretiene lo justo. Es un blockbuster cuyo mayor reclamo son sus dos protagonistas, unos guapos Jennifer Lawrence y Chris Platt convertidos en un sucedáneo espacial de las grandes parejas del celuloide de los que distan años luz. No están mal, cumplen y poco más. Al menos, hay cierta química entre ellos.
En mi opinión, a la peli le falta algo de dramatismo y profundidad. Cierto que se plantean ciertos dilemas morales pero son abordados muy superficialmente. Es como si pensaran que el gran público no quiere pensar demasiado. Con unas caras bonitas, buenos efectos especiales y un buen diseño de producción ya tenemos un blockbuster de manual. Una pena que Passengers no ahonde más en las profundidades del alma humana ni las relaciones de pareja. Se queda en la superficie y no va más allá. Yo hubiera apostado más por la ciencia ficción y menos por el romance. Todo lo referente a la soledad del personaje de Chris Pratt me recordó al Adán bíblico que le pide a Dios una compañera. Pasengers no deja de ser una actualización de Adán y Eva trasladados al espacio. Yo me hubiera inclinado por un desarrollo menos convencional (empezando por otra pareja de protagonistas menos atractivos) cuyos resultados hubieran sido mucho menos gratificantes para el espectador aunque quizás mucho más interesantes. Por cierto, si los protagonistas son Adán y Eva ¿quién sería en el film la figura de Dios? Creo que es un aspecto que apenas se intuye en el film pero el super ordenador de abordo despierta al personaje de Chris Pratt ya que le necesita para un fin concreto. Una interesante metáfora que el film lamentablemente no explora.
Viendo Passengers me vinieron a la mente multitud de clásicos de ciencia ficción como 2001, Solaris, Naves misteriosas, Gravity, Alien o Moon. Incluso me vino a la mente El Resplandor (ese bar y ese barman parecen sacados directamente de las pesadillas de Jack Torrance). Pero el guión de Passengers no alcanza el nivel de ninguna de ellas, usa referencias de sobra conocidas para crear un refrito sin demasiada personalidad. Sirva como ejemplo la inclusión del personaje de Lawrence Fishburne, está metido a presión para que haga de catalizador de la historia cuando parece que ha llegado a un punto muerto. Un recurso facilón que hace que el espectador sospeche que su inteligencia está siendo puesta en duda. Un error de guión que pretende edulcorar la historia y dar el impulso necesario hacia un forzado y previsible final. Cosa que consigue solamente en parte.


Lo dicho, entretiene lo justo y no deja huella.

El contable (The accountant)


Seamos claros desde el principio. El contable es la típica película norteamericana que  requiere del espectador un esfuerzo sobrehumano para resultar creíble. Su trama es de lo más inverosímil, sin embargo, si pasas por alto este importante detalle, puede hacerte pasar un rato entretenido. A mí me pasó, el film me entretuvo a pesar de lo endeble de su propuesta y verle constantemente las intenciones. 

La verdad es que me resultó difícil de creer el personaje de Ben Affleck, una especie de autista que no sólo es un genio de los números sino también un letal asesino. Algo así como el personaje de Dustin Hoffman en Rainman pero criado por Rambo. Ya sabemos que los americanos son expertos en rizar el rizo. Uno no puede dejar de pensar que el mérito de que el film no naufrague completamente recae en la eficiente dirección de Gavin O'connor, responsable de otra película aparentemente insufrible que para mí sorpresa me dejó un estupendo sabor de boca, Warriors. O'Connor parece tener la facultad de entretener y hacernos olvidar premisas del todo inverosímiles. De hecho, una vez más estamos ante el típico film de acción con toques de drama de persona con problemas que supera todas las adversidades y encima es un genio en más de un aspecto. Para más inri tenemos a al típica figura paterna, militar de carrera nada menos, que forja a base de disciplina el carácter de sus hijos. Todo un drama repleto de efectivas escenas de acción que acaba en un supuesto giro argumental que vemos venir desde lejos y fracasa en su intento de sorprendernos. Una pena que el guión sea tan previsible, tras una más que aceptable presentación de personajes y un buen ritmo, el contable se desinfla rápidamente entre persecuciones, luchas cuerpo a cuerpo y tiroteos varios.

Tampoco juega a su favor la interpretación (por llamarlo de alguna manera) de un Ben Affleck tan inexpresivo como viene siendo habitual. Reconozco que este tipo me gusta mucho más cuando se pone detrás de la cámara. La verdad es que Affleck lo intenta pero no da el pego como persona con problemas. Me gustaron mucho más los secundarios, ahí están J.K. Simmons, John Lighgow o Anna Kendrick intentando dar coherencia a unos personajes que no hay por donde cogerlos. Sin ir más lejos, Anna Kendrick interpreta a la típica damisela desvalida metida con calzador que nuestro héroe debe proteger. Vaya novedad.
No es El contable un gran film, ni siquiera una buena película, como mucho estamos ante un pasatiempo aceptable que se olvida inmediatamente.
4,5

Rogue one: una historia de Star Wars

Disney sigue explotando la gallina de los huevos de oro que suponen los derechos de explotación de la saga de Star wars. Al menos, ahora que George Lucas ya no está al mando, no corremos el peligro de que se saque de la manga insoportables personajes de grandes orejas generados por ordenador. Rogue One no es un episodio más de Star Wars, tampoco es una precuela ni una secuela, sino un spin-off. No es el primero del universo Star Wars, afortunadamente casi nadie se acuerda de aquellos subproductos para televisión llamados La Aventura de los Ewoks (1984) y La Batalla en el Planeta de los Ewoks (1985) que incluso llegaron a estrenarse en salas comerciales en nuestro país. Obviamente Rogue one no será el último spin-off. Ya se habla de otros como el dedicado a narrar la juventud de Han Solo, Boba Fett o Chewbacca. ¿Acaso no fueron los episodios I, II y III las aventuras del joven Darth Vader? ¿Acabaremos viendo una serie llamada Tatooine con las andanzas de un adolescente Luke Skyawalker? Todo es posible, ya sabemos que Disney tiene pocos escrúpulos a la hora de hacer caja. El peligro reside en que estiren en exceso la franquicia hasta caer en el sinsentido o el ridículo. La cosa tenía su gracia hasta ahora pero la sobre explotación puede acabar por cansar a los fans. 

Rogue one ya nos informa ya desde el título que estamos ante una avanzadilla, el primer film que rompe el hielo en solitario (rogue significa solitario entre otras acepciones). Vamos, que Rogue one forma parte del universo Star Wars pero no es un episodio oficial de la franquicia. Aparece el rótulo de “Hace mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana…” pero no los títulos que se pierden en el espacio. Tampoco la partitura es del maestro John Williams, al cual un retiro tampoco le vendría nada mal, bien ganado se lo tiene. En Rogue one Michael Giacchino se basa en la mítica música de Williams pero no va más allá de la simple recreación. Su música recuerda a pasajes de sobra conocidos, pero no crea ninguna melodía destacable. Como todo en Rogue one, cumple su cometido de conectar con la saga original pero no innova ni fascina. 

La historia de esta Rogue one se sitúa cronológicamente justo antes del Episodio IV (Una nueva esperanza) con el que enlaza sin fisuras. Ahora, 40 años después, nos enteramos de cómo fueron las pesquisas para robar los planos de la Estrella de la muerte. ¿Realmente a alguien le interesaba saber cómo se robaron esos planos? La verdad es que no. Pero da igual, cualquier excusa es válida para volver a al universo de Star Wars y volver a disfrutar de la saga galáctica más célebre de la historia. Vamos, para que Disney saque tajada. Rogue One lo intenta dignamente pero se ha quedado a medias. Vayamos por partes.

El trailer de Rogue one ya nos avanzaba que Darth Vader aparecía en el film. Vader aparece poco y de forma casi testimonial, pero el interés del film sube bastantes enteros cuando su máscara entra en escena. Ahí está la voz de James Earl Jones en la versión original, en la versión doblada se ha tenido que sustituir la voz de Constantino Romero ya que el mítico doblador ya falleció. Darth Vader es quizás el mayor reclamo del film. Un villano que estaba en plena forma. También aparece Grand Moff Tarkin, interpretado en el film original por el gran Peter Cushing y fallecido hace más de 20 años. Pero la muerte no es impedimento a la hora de darle coherencia a la historia. Ni mucho menos. Con los modernos efectos digitales, se ha devuelto a la vida al gran actor británico. Lo cierto es que la cara digital de Cushing da el pego perfectamente, sus gestos se han copiado magistralmente y casi puedo asegurar que su interpretación es la mejor del film. Si no supieras que ese actor lleva muerto dos décadas, te creerías que un actor de carne y hueso todavía en activo, asombroso. No ocurre lo mismo con otro mítico personaje de la trilogía original cuyo nombre no voy a desvelar y que también ha sido generado por ordenador. El fan agradece los guiños en forma de cameos, pero alguno del final se lo podrían haber ahorrado. No digo más.

Lo más novedoso de Rogue one es ese creciente protagonismo de los roles femeninos en el universo Star Wars. Tanto en el Episodio VII con Rey como en este spin-off con Jyn Erso, las mujeres toman las riendas de la trama. Jyn Erso, encarnada por la estupenda actriz Felicity Jones (Un monstruo viene a verme, La teoría del todo), no es una princesa que debe ser rescatada por el joven héroe. La verdad es que el reparto resulta creíble pero desaprovechado. Dentro del bando de los rebeldes tenemos a personajes interpretados por el británico-paquistaní Riz Ahmed, el mexicano Diego Luna, el afroamericano Forest Whitaker, el hongkonés Donnie Yan y el chino Wen Jiang. Quizás sea una treta comercial de Disney para ganarse los mercados latino y asiático (lo más probable), pero se agradece la variedad étnica y que no estén generados por ordenador. Debo mencionar que la química ente Diego Luna y Felicity Jones es totalmente inexistente. Tenía que haber un droide, Alan Tudyk presta su voz a K-2SO, un sucedáneo de C3-PO cuyas supuestas gracias no lo son tanto. El padre de Jyn, Galen Erso, está encarnado por el danés Mads Mikkelsen (Hannibal) quien resulta tan inexpresivo como viene siendo habitual. Sin embargo, a mí quien me ha fascinado, como siempre, es la inquietante presencia de Ben Mendelsohn (Lost River). Eso sí es un villano que aterra con su sola presencia, sin máscaras ni respiraciones forzadas, un cabrón de una pieza corroído por la ambición. Una pena que el decepcionante guión no le haya dado más cancha a este personaje.

Disney ha contratado como director a Gareth Edwards, un tipo que con solo 2 películas de monstruos (Monsters y el remake de Godzilla) se ganó el respeto de la crítica y público. Edwards hace un buen trabajo, acepta el encargo y dirige siendo consciente que el éxito del reto se basa en contentar a unos fans que no quieren innovaciones. Con ser fiel a lo ya conocido tenía mucho ganado. Su film es un éxito si hablamos de continuidad con el universo Star wars en el que se engloba. Nada desentona ni resulta estridente. Edwards sabe rodar y se desenvuelve perfectamente en las escenas de batallas a pesar de haber actualizado algo la manera de presentarnos la acción. Hay más movimientos de cámara y acaba mareando un poco, algo que ya pasaba en El despertar de la fuerza. Sin embargo, Edwards está en piloto automático y se limita a rodar sin salirse un ápice de los cánones de la franquicia. Otra cosa hubiera sido impensable.

El problema de Rogue one no reside en la correcta dirección de Edwards sino en su guión. Se dice que una vez finalizado el rodaje, los capos de Disney se alarmaron con el resultado y decidieron reescribir el guión (en el que colaboró hasta Tony Gilroy) y volver a rodar buena parte de las escenas durante dos meses de rodaje extra. Todo ello explicaría los bajones de ritmo y la confusión reinante en el producto final. Peor aún, Rogue one se hace tediosa por momentos al público infantil y fracasa a la hora de presentar y desarrollar los personajes. Ni K2 consigue ser ese droide simpático ni las relaciones entre los personajes están bien plasmadas. Sirva como ejemplo el desastroso desarrollo de la pareja formada por Baze Malbus y Chirrut Îmwe (el oriental ciego). Un dúo que podría habernos proporcionado grandes momentos que se queda en nada. Una pena. A esta historia le falta ironía y un toque de humor, yo eché de menos a Han Solo y a esa pareja mal avenida que son R2-D2 y C3-P0.

 Ocurre que los efectos especiales, los diseños, el vestuario y las naves de Star wars están ahí, pero falta la magia. Rogue One tiene un final épico perfectamente rodado que no emociona lo suficiente debido a que no se ha dedicado el metraje necesario a desarrollar los personajes. En 133 minutos, no se consigue crear en el espectador la empatía necesaria. Entre tanto nuevo planeta y tanto viaje al híper espacio se han olvidado que, más allá de los efectos especiales, Star Wars enganchó a varias generaciones gracias a la identificación con unos carismáticos personajes. Y aquí el carisma no asoma por ningún lado.


Rogue one ni innova ni sorprende, es un sucedáneo innecesario que ni siquiera divierte lo que debiera. Cumple, pero nada más.

5,5

LA CHICA DEL TREN (THE GIRL ON THE TRAIN)


 He de admitir que no había leído la novela de Paula Hawkins ni tenía ni idea de qué iba La chica del tren. Así pues, me dispuse a ver la película sin la menor idea de su trama. Algo difícil hoy en día, con tanto trailer que te cuenta toda la película y tanto idiota por la red que se dedica a destripar la tramas sin previo aviso. Únicamente sabía que la protagonista es Emily Blunt, actriz muy competente aunque algo desaprovechada en papeles de florero al que el macho de turno debe salvar. Al menos, en La chica del tren demuestra  que es más que una cara bonita y ella es lo mejor del film. No es que estemos ante un thriller revolucionario pero sí ante un entretenimiento digno si uno no es muy exigente.
Viendo el film uno supone que la adaptación ha debido de ser bastante fácil. Como otros muchos best-sellers, la estructura cinematográfica estaba implícita ya en la novela. Me sorprendió gratamente que la protagonista sea una mujer con una adicción al alcohol y su vida de esté hundiendo en el fango. Considero muy positivo que las mujeres vayan tomando protagonismo en el cine comercial, aunque sea en roles tan poco edificantes. La verdad es que en esta película los personajes femeninos están mucho mejor definidos que los masculinos. Esta anti heroína alcohólica y sus lagunas mentales son el nudo principal del film. Me pareció muy bien llevada la presentación de un personaje de quien la vergüenza y el rencor son sus únicas aliadas. Su rutina parece romperse únicamente por la vistas desde su ventanilla del tren. Es esa observación de las vidas ajenas y la idea de que ella podría llevar esa vida lo que pone en marcha la película.
El director Tate Taylor (Criadas y señoras, I Feel Good) consigue que entremos en su juego y nos convierte en voyeurs consumidos por el morbo de saber qué pasa en las casas ajenas. Con un montaje desordenado y multitud de flashbacks Taylor coloca al espectador casi tan confundido como a la protagonista. Taylor nos va llevando de forma aceptable por una trama que entretiene, al menos durante un rato. Como era de esperar, Taylor nos oculta información y hace trampas al espectador con ese montaje tan sincopado pero su juego entretiene y pasa rápido. La cosa funciona cuando aborda la idealización de las parejas observadas y el contraste con la solitaria vida de la protagonista. Lamentablemente, luego la cosa decae acercándose peligrosamente al telefilm de domingo por la tarde en Antena 3 sazonado con escenas pseudo-eróticas metidas con calzador y desnudos de la bella actriz Haley Bennet. Por si a alguién le interesa, Luke Evans también sale estupendo. Una pena que una premisa no muy original pero sí efectiva pierda fuelle de esta manera a pesar del buen hacer de Emily Blunt. El desarrollo se torna rutinario y poco original, incluso vemos venir ciertos giros de guión que se supone deberían sorprender al espectador.
Lo dicho, otro entretenimiento que se ve sin problemas y no deja poso alguno.
5

Captain Fantastic


 Hoy voy a comentar una película muy especial. En una escena de Captain Fantastic, el protagonista (Viggo Mortensen) se toma tranquilamente un café desnudo en la puerta del autobús en el que viaja. Ante la mirada de reprobación de unos transeúntes, les espeta que sólo es un pene, no hay nada malo en ello. Y tiene toda la razón. No hay nada malo en un cuerpo desnudo, el cuerpo en sí no es sinónimo de pecado ni de perversión. Es simple anatomía. Quizás el problema resida en los usos y costumbres sociales. Mostrarnos tal y cómo somos nos puede hacer vulnerables a los comentarios de los demás. Mediante la educación, el individuo acepta las normas de la sociedad desde la infancia, las interioriza y las hace suyas. Parapetados tras las normas impuestas por la sociedad, nos socializamos con nuestros semejantes. Cualquiera que viva de otra manera será catalogado como un loco o un insensato. Aunque quizás sea necesario que haya personas que vivan al margen y observen nuestra sociedad de consumo desde fuera. De eso va Captain fantastic, de la necesidad de otra mirada hacia la sociedad. Existen otras formas de entender la sociedad y, muy probablemente, tienen mucho que enseñarnos.

El protagonista de la película decidió hace tiempo vivir junto con su mujer y sus hijos a parte de la sociedad y causando el mínimo impacto medioambiental. Encuentro excesivas ciertas prácticas mostradas en el film (el rito iniciático, el duro entrenamiento, la escalada) pero en esencia me parece muy valiente e interesante esta propuesta. El film se podría entender como un ataque frontal al capitalismo imperante pero también a los fanatismos en los que no es tan difícil caer. Cualquier extremismo puede ser peligroso aunque lo más grave es que aceptemos como normal propuestas extremas. Un ejemplo: cuando los jóvenes hijos del protagonista entran en un restaurante de comida rápida, piensan que todos los clientes están enfermos debido a su desorbitado sobrepeso. En otro momento del film, se dice que los norteamericanos están infra educados y sobre alimentados, afirmación que, visto el resultado de las últimas elecciones presidenciales, bien podría ser cierta. En definitiva, Captain fantastic contrapone dos maneras de vivir y relacionarse con el medio ambiente. Y lo hace consiguiendo siempre un tono amable, nada de ácida crítica social, y sin caer en el maniqueísmo ni la demagogia.

Al espectador medio puede chocarle que la familia protagonista no celebre la Navidad pero sí el nacimiento de Noam Chomsky (muy probablemente, el espectador medio no sabrá quien es Noam Chomsky ni le importe un pimiento). Sin embargo no dejan de ser admirables y deseables en todo sistema educativo el fomento del espíritu crítico y la capacidad para expresarse con sus propias palabras. Frente a una educación basada en la repetición, el film contrapone el desarrollo de la capacidad de razonar y de solucionar problemas mediante los propios medios. La libertad que supone vivir ajeno a los tabús de la sociedad permite hablar de sexo con toda naturalidad, admirable la escena en la que aborda el Lolita de Vladimir Nabokov. Frente a una sociedad de consumo que únicamente pretende crear consumidores obedientes, el film propone crear ciudadanos con su propio criterio.

Muy valiente me parece la carrera de Viggo Mortensen, un actor que, tras El señor de los anillos, podría haberse ganado la vida perfectamente trabajando en superproducciones de acción pero prefiere proyectos mucho más personales. Entiendo que ese es su camino y lo respeto. Es innegable su compromiso, algo que hoy en día escasea tanto o más que el talento. De talento va sobrado el joven reparto de esta película, o mucho me equivoco o los muchachos de este film van a dar bastante guerra en el futuro.

Lo dicho, Captain fantastic  es un film necesario que nos muestra otra manera de entender el mundo.

7

Vaiana

 Parece que Disney se está adaptando a los nuevos tiempos y los roles de sus personajes femeninos están cambiando. La absorción de Pixar supuso la asimilación de su equipo creativo y la nueva savia le ha venido francamente bien al gigante de la animación. Llegan olas refrescantes al mortecino repertorio de Disney. Las nuevas heroínas ya no son siempre de raza blanca, no olvidemos que Tiana y el sapo fue la primera película de Disney protagonizada por una chica de color tras 80 años de historia. Nunca es tarde si la dicha es buena.
En Vaiana la protagonista tampoco es exactamente una princesa, es la hija del jefe de la tribu de la Polinesia, que es parecido. Ni siquiera hay aquí una historia de amor ni un príncipe azul, elementos que no son necesarios y que uno aprecia que no se incluyan con calzador. Aquí, como en Brave, es la chica la que debe sacarse las castañas del fuego si quiere sobrevivir. Se agradecen igualmente estos gestos hacia otras etnias y que salgamos de los ambientes palaciegos. Los avances en la trama y los personajes se quedan cortos con los avances técnicos. En Vaiana el mar es el absoluto protagonista, estando en el 80% de las escenas, siendo su representación en pantalla simplemente asombrosa. La verdad es que la animación por ordenador de esta película es fascinante. Las escenas marinas son para quedarte con la boca abierta, también las texturas de los tatuajes son asombrosos. Técnicamente nos encontramos ante un film espectacular, todo un paso de gigante en la animación por ordenador.
John Musker y Ron Clements son los responsables de éxitos de la factoría Disney como Aladdin, La sirenita, Hércules o Tiana y el sapo. Su solvencia está más que probada y una vez más demuestran su total dominio de la técnica. Más allá de las novedades ya citadas, la historia no es muy novedosa pero, al menos, no es la enésima repetición de caducos esquemas. Cierto que la historia no tiene ni pies ni cabeza, pero no procede ponerse quisquilloso con este tipo de historias, es mejor dejarse llevar e intentar que la magia haga efecto en uno como cuando éramos niños. Vaiana me ha maravillado por momentos gracias a la fuerza de sus imágenes. Se hace muy ágil y divertida para los niños (ese pollo es un hallazgo) mientras a los mayores sus 113 minutos no se nos hacen pesados, excepto por las inevitables canciones metidas con calzador. Uffff. Reconozco que algunas canciones me sobraron, son pegajosas y sirven para reforzar las imágenes pero no están a la altura de éxitos recientes como Frozen o Enredados. Al menos, en la primera escucha. Ya os diré cuando las haya escuchado cientos de veces.
Debo citar que me agradaron ciertos toques de auto parodia o esa fugaz aparición de cierto reno que salía en un film reciente de la factoría. Incluso, al final de los títulos de crédito (algo que ya usaba Pixar) hay una cita a un divertido personaje del imaginario creado por Disney. Los de Disney saben que sus películas son clásicos para varias generaciones y que han pasado a formar parte de nuestra cultura (nos guste o no) y las usan como referencia. Otra novedad que es bienvenida. Hablando de referencias, igual son cosas mías, yo vi cierto tono general a lo Miyazaki, mientras los Kakamora me recordaron a Mad Max: Fury road.
 Vaiana se pasa en un suspiro y es todo un alarde visual que bien merece pagar una entrada de cine. Mis hijos han salido encantados y sus padres también.

6

The Neon Demon


Recuerdo que juré no volver a ver ninguna película del pedante y aburrido Nicolas Winding Refn tras ver Sólo dios perdona . Al final, me ha podido el morbo y he vuelto a picar el anzuelo. La culpa es mía, lo sé, pero la historia prometía. Una joven modelo recién llegada a Los Ángeles descubre los sinsabores de la profesión. Una preciosísima fotografía y una cuidada puesta en escena prometían un estimulante espectáculo visual. Y ahí es donde no defrauda el amigo Nicolas Winding Refn, que ahora le da por firmar NWR. The neon demon es todo un disfrute audiovisual. Esos colores saturados de la fotografía de Natasha Braier se fusionan de forma magistral con la música de Cliff Martínez provocando una experiencia sensorial muy poco habitual en el cine actual. Los títulos de crédito me parecieron simplemente fascinantes, lo mejor de la película. El resultado resulta hipnótico durante buena parte del metraje, pero uno acaba dándose cuenta de que le están tomando el pelo. The neon demon no es una película, es un caro vídeo clip de 2 horas.
The neon demon viene a ser la sublimación de todo lo que Nicolas Winding Refn (o NWR) nos ha ofrecido hasta la fecha. Es un film salvaje y libre de toda cortapisa, un rara avis que no teme combinar géneros en busca de su propia personalidad. Obviamente, Nicolas Winding Refn no anda escaso de personalidad o, mejor dicho, de ego. Sin embargo, el castillo de naipes que construye a base de un apartado técnico fascinante se va al carajo gracias a su exasperante falta del ritmo y su incapacidad narrativa. A NWR le importa un bledo contar una historia, eso está pasado de moda. Refn busca crear sensaciones en el espectador, sensaciones que van de la fascinación inicial a la repulsión pasando por el hastío. Por algo es seguidor de Jodorowsky. Reconozco que el film tiene aciertos visuales y en algunos momentos casi creí que estaba ante un film realmente importante, pero todo se quedó en nada. Una vez más, Nicolas Winding Refn nos aburre con sus lentos travelings y sus eternos silencios mientras es incapaz de que sus escasos diálogos espanten el tedio. Quizás sea injusto por nuestra parte valorar The neon demon como una película y no como una experiencia.

Entiendo su fascinación por el lado más turbio de la moda. Le compro la idea de la sociedad excesivamente pendiente de la imagen y ese terrible culto al cuerpo. La belleza es un arma de doble filo. Que los hombres son todos unos machistas obsesos sexuales (vamos, unos cerdos) y que la sociedad ha convertido a las mujeres en meros objetos sexuales tampoco lo ha descubierto este señor. Millones de mujeres viven bajo la tiranía impuesta por la sociedad machista que les obliga a maquillarse ocultando sus defectos o desviaciones de unos cánones de belleza inalcanzables. Cánones creados por la moda y la publicidad. Millones de mujeres viven mostrando su mejor cara, una que no es realmente la suya, en busca de agradar a los demás y no a sí mismas. Ya sabemos que la belleza es efímera pero da poder, todos quieren poseer la belleza y muchos estarían dispuestos a cualquier cosa por conseguirlo. Que sí, que el mundo de la moda está lleno de vampiros sin escrúpulos. Ya lo sabemos todos. Profundas reflexiones que bien merecen una película y que NWR ha sido incapaz de desarrollar. O quizás nunca fue esa su intención, quizás solamente pretendiera hacer un interminable vídeo musical.
The neon demon muta del aburrimiento al asco en un giro final que pretende sorprender y realmente nos deja indiferentes. La belleza depende del ojo del observador, otra obviedad de Refn se toma de forma literal y sin sutilezas. NWR se queda en la superficie y no profundiza, su película está vacía, no hay nada tras su fantástica apariencia. Ni siquiera resulta tan perturbador cuando intenta provocar, escenas como la de la ducha y el depósito de cadáveres me resultaron totalmente gratuitas. Debo destacar alguna frase que pretende ser trascendente y resulta ridícula tipo ” La belleza no lo es todo, es lo único” o “No quiero ser como ellos, ellos quieren ser yo”. Tampoco el reparto transmite la más mínima empatía ni convicción en sus interpretaciones. Elle Fanning está preciosa pero transmite menos que un clavo oxidado. Lo mismo se puede decir del resto del reparto. Por cierto, no sé qué pinta Keanu Reeves en ese papel que podría haber interpretado cualquier otro actor.
A mí me da por pensar que Nicolas Winding Refn pretendía hacer una obra de arte que dividiera la historia del arte (quien sabe de la humanidad) en dos. Un hito que sirviera para contabilizar el tiempo transcurrido desde su estreno así como ahora contamos en occidente el tiempo desde el nacimiento de Cristo. Pero sus pretensiones no van acompañadas de su talento, ni de lejos. Su film se hace pretencioso y aburrido como pocos. Tras esa pasmosa y electrizante puesta en escena no hay nada. Como si de una preciosista metáfora del mundo de la moda se tratara, The neon demon es un elaborado envoltorio para un gran vacío. No hay nada bajo la superficie, únicamente una historia simplona mil veces vista.

Si valoramos The Neon Demon como un vídeo clip, resulta demasiado largo. Si lo valoramos como un tratado sobre la moda y la belleza, resulta ridículo por su obviedad. Y si lo valoramos como película de terror resulta totalmente vacía.

Café society


 Café society probablemente será recordada por propiciar el encuentro profesional entre Woody Allen (80 años) y el maestro de la fotografía Vittorio Storaro (76 años). Storaro es quizás el director de fotografía vivo más influyente y justo ganador de 3 Oscars por Apocalypse Now, Reds y El último emperador. Casi nada. El encuentro se debió a que Darius Khondji,  director de fotografía de las 4 últimas películas de Allen, no estaba disponible y Allen pensó en Storaro. Estos dos veteranos han afrontado juntos el salto a la era digital. Café society es la primera película que ambos ruedan en digital, sin celuloide. El cambio no ha sido traumático, se trataba de no luchar contra la imparable corriente del progreso y adaptarse a los nuevos tiempos. Tras 58 películas en celuloide, Storaro ha esperado a dar el salto hasta que encontró una cámara (la Sony F65 4K) que fuera capaz de captar su particular forma de entender la luz. Para Storaro la luz lo es todo y todo es luz. El resultado del cambio a lo digital no puede haber sido mejor. La inspiración de la fotografía de Storaro para esta película ambientada en los años 30 hemos de buscarla en fotógrafos como Alfred Stieglitz, Edward Steichen o la pintora Georgia O’Keeffe. El resultado ha sido tan favorable que Storaro urge a las empresas propietarias de los cines a que instales proyectores 4K, actualmente lo más que hay son 2K. La verdad es que el resultado es impresionante. Café society es una gozada para la vista.
Otra novedad de Café Society supone que fuera lanzada por Amazon Studios y Lionsgate. Que Amazon financie un film de Allen nos da a entender que Allen sigue siendo un valor en alza, también entiendo como buena noticia que haya rodado una serie de televisión para Netflix. Los tiempos están cambiando y Woody Allen parece adaptarse magistralmente.
La historia de Café society se desarrolla en dos ambientes totalmente diferentes, por un lado el Hollywood y por otro el Bronx. La historia de este joven judío neoyorkino (Jesse Eisenberg) que busca fortuna en Hollywood y se enamora de la secretaria (Kristen Stewart) de un influyente agente de Hollywood (Steve Carell), quien, además, es su tío. Nada nuevo bajo el sol. Incluso no cuesta nada imaginarse a Jesse Eisenberg  como un joven Woody Allen ¿Siempre sus protagonistas deben ser judíos y neuróticos como el propio Allen? Estamos ante la típica historia de Woody Allen sobre esa clase acomodada que no acaba de ser feliz. Se palpa la nostalgia por ese Hollywood dorado de los años 30 que ya nunca volverá. El envoltorio es inmejorable, una perfecta recreación de la época gracias a Storaro y la soberbia música de Vince Giordano And The Nighthawks, pero el guión de Allen no está a la altura. Si Café society es todo un espectáculo audiovisual, su guión desmerece el conjunto.

 El problema es que su historia no llega al espectador, no divierte. Hay equívocos y medias verdades y Allen sigue haciendo uso de su sarcasmo hacia la religión judía pero Café society no es una comedia. O, al menos, tal y cómo entendemos hoy la comedia. Escenas como la de la madre o la visita de la prostituta podrían haber sido muy divertidas, pero Allen las conduce hacia un lánguido término medio. De hecho, Allen pretende no caer nunca del lado del drama ni de la comedia. Mantiene un tono amable y liviano mientras la historia avanza a buen ritmo aunque quizás peque de indefinición o quizás ese sea precisamente su gran virtud. Esta historia podría haber sido una gran comedia llena de enredos o una apasionada historia de amor, pero Allen prefiere la contención y las medias tintas. Allen huye de la ironía y los diálogos afilados en busca de una introspección de los personajes que nunca llega a calar en el espectador. Al final uno se da cuenta que hemos asistido a un drama, pues no me había dado cuenta durante todo el metraje. Debo reconocer que la historia me dejó frío. Esa tierra de nadie por la que hábilmente transita no acabó de satisfacerme. Hay que reconocerle el valor a Woody Allen por perpetrar un guión así, pero esta vez su propuesta dista mucho de ser redonda.
Quizás a la tibieza del resultado final haya contribuido la floja interpretación de un Jesse Eisenberg que no resulta creíble en ningún momento, siempre parece incómodo. Al menos, Kristen Stewart está bastante correcta, ya no se mesa continuamente el pelo como en Crepúsculo. También sorprende Steve Carrell una vez en un registro alejado de la comedia. De la modelo Blake Lively únicamente puedo decir que me sorprendió muy gratamente su naturalidad en pantalla.
Resumiendo, yo prefiero el Allen más ácido frente a este Allen introspectivo. Quizás vaya siendo hora de retirarse, maestro. Al menos, el film nos permite disfrutar del trabajo del genio Storaro y la música de Vince Giordano.

6,5

LA LLEGADA (ARRIVAL)


 Denis Villeneuve es uno de los directores con más talento del momento. Su cine es sinónimo de calidad. Ya desde Incendies nos dimos cuenta que estábamos ante un autor con algo que contar y con un talento superior a la media. Las sospechas se confirmaron con Prisioneros, otra excelente cinta que mereció mejor suerte, pero fue la compleja e incomprendida Enemy la cinta  que realmente le situó en el mapa. Luego vino Sicario que aunó a crítica y público a pesar de ser un pequeño resbalón. Era hora de dar un gran paso adelante y adentrarse definitivamente en el cine de masas y nada mejor que una historia de ciencia ficción. Sin embargo, Villeneuve es un tipo con la suficiente personalidad como para no plegarse a los designios del cine comercial. Todo lo contrario, Villeneuve convierte en comercial esta intimista historia sobre el contacto con extraterrestres. Al final, el miedo a lo desconocido es universal. 

 Reconozco que la ciencia ficción que me gusta es aquella que destaca las contradicciones de la sociedad actual. Este género es el perfecto para trazar metáforas acerca de nuestra realidad. Nada mejor que alejarnos para ver las cosas claras. Hay varios ejemplos recientes de este tipo de ciencia ficción y La llegada es un nombre más a añadir a la lista. El relato en el que se basa La llegada, Story of your life de Ted Chiang, parecía imposible de adaptar a la pantalla, esa unión de dos tramas aparentemente opuestas en un único relato parecía no apta para un público masivo. Por suerte, Villeneuve no tiene miedo a los retos. 

Como todo director que se precie, Villenueve ha intentado hacer una gran película sobre la evolución humana, su particular 2001, Odisea en el espacio. Ya les pasó a Danny Doyle con Sunshine y Christopher Nolan con Interstellar. Ese cine que busca trascender  y que supone un paso en la evolución humana. El guión de Eric Heissener es tan meticuloso como perfecto. Obviamente, juega con el espectador y le hace trampas, pero es una delicia caer en una trampa así de elaborada y que no te deja la sensación de haber sido estafado, todo lo contrario. En La llegada, personaje principal debe asumir el hecho de entrar en  contacto con una civilización superior, algo que ya ha sido tratado anteriormente, pero nunca con este enfoque tan peculiar. Pero no solamente la protagonista se enfrenta a lo desconocido, Villeneuve va más allá, se enfrenta al reto de aceptar el dolor y la pérdida irreparables. La muerte, al fin y al cabo, es lo más desconocido para nosotros y, paradójicamente, lo único inevitable. La protagonista debe aceptar su destino, su odisea será un viaje emocional. Villeneuve triunfa al contraponer una historia grandilocuente con la intimidad de los sentimientos. Y lo hace de manera excelente, logrando que nada desentone en este arriesgado doble salto mortal.

 Villeneuve evita los grandes despliegues y busca un enfoque más psicológico. La escena de la entrada a la nave extraterrestre es realmente soberbia. Villeneuve decide inicialmente no mostrar las naves ni las noticias del avistamiento, prefiere mostrarnos las caras y las reacciones de las personas ante las imágenes. Con un lento travelling Villeneuve nos deja claras sus intenciones, la película no a ser un gran espectáculo visual, va a ser un viaje interior. Esas escenas de los recuerdos de la protagonista jugando con su hija me recordaron al mejor Terrence Malick, lo mismo puedo decir del acercamiento a la nave. 
Como en 2001, los extraterrestres generarán recelos y miedo. Algo así como la inmigración pero con naves en vez de pateras. La llegada es también la historia de una humanidad dividida que quizás debiera unirse en base a algo tan universal como el amor materno. Como en todo el cine de Villeneuve, al espectador se le plantean preguntas que quizás no se atreva a responder. Al final, como en Interstellar, el amor entre paterno puede ser decisivo para la supervivencia de la raza humana.

 Todo lo referente al contacto con los extraterrestres me pareció muy bien llevado, Villeneuve se toma su tiempo y demuestra controlar el tempo cinematográfico. Ciertas escenas son de una gran tensión y el espectador siente la tensión del personaje principal, una soberbia Amy Adams. Tal es la seguridad de Villeneuve que se permite homenajearse a sí mismo en una escena que recuerda al controvertido final de Enemy. Eso se llama estilo. Villeneuve no huye de la complejidad, su cine nos invita a pensar y a reconstruir el puzzle que nos propone. Un puzzle que esta vez no está tan abierto a múltiples interpretaciones como en Enemy, por lo que no voy a exponer mi teoría ya que opino que no hace falta.

No todo va a ser positivo, opino que el personaje de Jeremy Renner no está suficientemente desarrollado, amén de que nadie se cree a Renner como matemático tras haberlo visto ya en tantas películas de acción. Seamos sinceros, no tiene pinta de matemático. Por su parte, Forest Whitaker sigue en piloto automático y Michael Stuhlbarg cumple. También puede resultar un poco inverosímil la manera en la que avanza la comunicación entre especies. No sé, no soy lingüista. Yo me lo pasé muy bien en el cine, con las emociones a flor de piel y con los ojos arrasados en más de un momento. 

  A todo ello contribuye de forma decisiva  la excelente banda sonora del islandés Jóhann Jóhannsson en la que es su cuarta colaboración con Villeneuve tras Prisioneros, Enemy y Sicario. Jóhannsson construye su trabajo a base de loops de sonidos de piano a diferentes velocidades a los que añadió secuencias de notas cantadas armónicamente. El efecto de la música en la escena del acercamiento a la nave extraterrestre en helicóptero es sobrecogedor. Igualmente, el proceso de asimilación del idioma alienígena está magistralmente acompañado por la música. Jóhann Jóhannsson superpone capas y más capas de voces para crear la sensación de irrealidad, sirva de ejemplo el tema “Heptapod B”. Puede que este score no tenga la fuerza del de Hans Zimmer para Interstellar, son films con ciertas similitudes aunque con enfoques diametralmente distintos y así queda reflejado en sus partituras, pero ambos son clave dentro de la ciencia ficción moderna. La banda sonora de Arrival ha sido publicada por el prestigioso sello Deutsche Grammophon, con el que Jóhann Jóhannsson firmó contrato recientemente.  Por cierto, Jóhannsson está trabajando actualmente en la elaboración de la partitura de Blade Runner 2049, la secuela de Blade runner que corre a cargo de Villeneuve. No se me ocurre un tándem mejor.

Como habéis podido adivinar, La llegada pertenece al cine de extraterrestre pero no tiene nada que ver con esas estupideces del impresentable de Roland Emmerich. Nada de invasiones alienígenas ni destrucciones masivas. La llegada se engloba dentro de ese otro cine de ciencia ficción con un enfoque más adulto, emparentando más con Contacto, Gravity o Interstellar que con Independence day. Los que busquen únicamente acción y efectos especiales pueden salir muy decepcionados de la sala de cine. Lo siento por ellos.

Sully

 
Todos vimos la noticia del Airbus a-320 que en el 2009 aterrizó milagrosamente en el río Hudson tras quedarse sin potencia en pleno vuelo y sin que hubiera ni una sola víctima mortal. El piloto responsable de tal proeza fue Chesley Sullenberg, al que sus amigos llaman Sully 
Sully es el homenaje de Clint Eastwood al americano medio. Ya sabes, buen padre de familia, mejor persona y puro de corazón. Ese héroe anónimo al que nadie encarna mejor que Tom Hanks. Estamos ante una obra menor dentro de la filmografía de Eastwood aunque algo por encima de decepciones como Hereafter o Invictus. Aquí Eastwood sabe lo que nos quiere contar. Una lástima que la historian no dé para tanto. Eastwood critica, como en Banderas de nuestros padres, esa necesidad de héroes de los norteamericanos. Los medios se encargan de ensalzar a cualquier buen profesional que esté en el momento justo en el lugar apropiado. Así funciona la cosa, hay que vender titulares y llenar minutos en las noticias. Tampoco importa mucho si no todo es verdad o si las investigaciones aún no han concluido. Hay que vender la historia. América es así, capaz de lo mejor y lo peor simultáneamente.
La verdad, a mí el film me cansó un poco, demasiadas vueltas sobre el hecho del accidente, creo que se nos muestra unas cuatro veces. Pero sí acierta Eastwood al mostrarnos las dudas del personaje de Tom Hanks, ese profesional que lo ha hecho lo mejor que ha sabido pero duda de si tomó la decisión correcta. El guión describe perfectamente el mundo de Sully, su relación con el copiloto, su mujer, etc. Además de poner en valor el factor humano frente a las máquinas. Se establecen importantes cuestiones de la sociedad norteamericana actual como la citada la necesidad de héroes o el miedo a repetir el 11-S que dan empaque a una historia que, a priori, no tenía demasiado recorrido. Sin embargo Eastwood se las apaña para que la historia se haga amena aunque ya todos sepamos el resultado. A sus 85 años Eastwood sigue en la brecha, cierto que ha perdido algo de pegada y ya no arriesga pero todavía nos entrega alguna buena película de vez en cuando. No estamos ante una nueva Million dollar baby, Mystic river o Gran Torino, pero Sully mejora respecto a sus reciente propuestas. Sully no podría volar sin Tom Hanks tan perfecto como siempre en su eterno papel de buen tipo, ese americano medio ideal que uno duda que realmente exista pero con el que todos nos podríamos identificar viendo el film.
Al final, Eastwood se inclina por lo fácil, una sesión en la que se debe dilucidar si el protagonista tomó la decisión correcta, y todo da un giro tan inverosímil que incluso los inquisidores acaban reconociendo que le habían juzgado demasiado duramente. La América de Eastwood es así, puede que sea dura con sus héroes, pero nunca les olvida y siempre reconoce sus méritos. Sólo eché en falta que todos se pusieran a aplaudir al héroe. La verdad es ese final tan almibarado casi me provoca un subidón de azúcar.
Un film correcto con un Eastwood en piloto automático.
5,5

Un monstruo viene a verme (A Monster Calls)

Dice J.A. Bayona que con Un Monstruo viene a verme culmina su particular trilogía sobre la familia. Bien podría considerarse que su todavía corta (pero de indudable calidad) filmografía gira sobre el tema de la familia o, mejor dicho, sobre la pérdida de ésta. En todas sus películas padre o hijos se enfrentan a una pérdida irreparable. Es ese miedo a la muerte y a la ausencia lo que parece que ha sido el motor de Bayona en esta primera fase de su más que prometedora carrera. Un monstruo viene a verme es la culminación de esa obsesión por la pérdida, pero también versa sobre la aceptación de la misma. El joven protagonista (demasiado mayor para ser un niño, demasiado joven para ser un adulto) descubrirá que madurar es aceptar nuestras limitaciones y abandonar nuestros sueños. En definitiva, aceptar nuestra mortalidad y, por ende, la de los demás. Supongo que ahora que Bayona ha aceptado rodar Jurassic World 2 los temas familiares quedaran algo aparcados, aunque algo me dice que seguro que en esa cinta también habrá padres intentando salvar a sus hijos en peligro.

En Un Monstruo viene a verme Bayona nos entrega en imágenes un guión de Patrick Ness, quien adapta su propia novela, algo que siempre es una garantía. Un guión sobre un muchacho que debe afrontar la grave enfermedad de su madre y la posibilidad de perderla para siempre. A todo ello hay que sumarle el acoso escolar que sufre y la mala relación con su abuela. No es que la trama sea especialmente novedosa, incluso me recordó a El laberinto de Fauno por la capacidad del niño de usar la fantasía para huir de una terrible realidad, pero está rodada de una manera impecable. Qué demonios. No puedo ponerle ningún pero a la forma de rodar de Bayona. El tipo es un gran artesano a la hora de contar historias. Técnicamente estamos ante una película que roza la perfección, con una ambientación, una dirección artística y unos efectos especiales simplemente perfectos. A todo ello hay que añadirle el hecho de que, como ya pasó con Lo imposible, no estamos ante una gran producción de Hollywood. Por mucho que la historia se ambiente en Gran Bretaña y aparezcan actores de renombre internacional como Sigourney Weaver, Liam Neeson o Felicity Jones, estamos ante una película española en la que buena parte del capital es español.

 Sin embargo, la historia no alcanza el nivel de emoción de Lo imposible, cosa que tampoco esperaba nadie ni era obligatorio intentar. Bayona se obstina una y otra vez en intentar hacernos soltar una lagrimita y resulta un tanto pesado. Esas cosas surgen en el espectador de manera espontánea. Desencadenar en el espectador tal emoción a base de imágenes y sonido es lo que yo llamo la magia del cine. Más allá de una industria y una técnica, yo entiendo el cine como esa capacidad de provocar emociones en el espectador. Y Bayona sabe hacerlo. Reconozco que se me puso un nudo en la garganta y se me arrasaron los ojos varias veces, pero algunos momentos del final me resultaron redundantes e innecesarios. Bayona comete un único error que consiste en intentar convertir la sala de cine en un mar de lágrimas. Si todavía no has llorado, voy a sacarme de la manga otra escena intensa para ver si ahora te hago llorar. Alguna elipsis narrativa no hubiera estado nada mal. Quizás el montaje final se les quedaba muy corto y decidieron no recortar alguna escena que ahonda innecesariamente en el dolor. Reconozco que es la única pega que le he visto a esta excelente película. 

Tampoco es un gran fallo que invalide los momentos de buen cine que incluye la cinta: las visitas del monstruo y sus historias son realmente asombrosos, pero sí que le resta enteros para lograr ser la gran cinta que creo que Bayona buscaba.

Inferno


 
 Ya hace unos años que Dan Brown revolucionó el mundo editorial con El código Da vinci dando así origen a innumerables seguidores e imitadores. Viendo el filón, Hollywood compró los derechos rápidamente y así nació la decepcionante adaptación de El código Da vinci a manos de Ron Howard con Tom Hanks como protagonista. Un equipo que se ha mantenido invariable en la olvidable Ángeles y Demonios y ahora en Inferno.

Una vez más estamos ante una carrera contrarreloj intentando desvelar unos secretos ocultos que únicamente Langdon es capaz de descifrar y que pueden salvar al mundo. Nada nuevo bajo el sol. Lamentablemente, la novedad que supuso la primera novela se ha ido diluyendo en las sucesivas entregas hasta prácticamente desaparecer en esta tercera. Si la adaptación de El Código Da Vinci ya supuso una decepción para quien escribe estas líneas y Ángeles y demonios me pareció un despropósito, esta Inferno me parece una total pérdida de tiempo. La cosa ya no da más de sí. No sólo este Inferno adolece de una galopante falta de ideas (heredada de la novela que adapta) sino que se nota la desgana con la que ha sido realizada.
En Inferno todo tiene la impresión de poco inspirado y realizado de forma rutinaria y sin pasión. El cine es una industria pero nunca está de más pensar en el espectador/consumidor del producto final. Es tal la falta de entusiasmo que trasmite esta película que rezuma tedio por todos sus fotogramas. ¿Puede ser aburrida una película sobre un inminente ataque terrorista que va a soltar un virus letal? Pues sí. Sobre todo si la premisa no hay quien se la crea y el McGuffin a encontrar nos importa un bledo. El guión no puede estar, paradójicamente, más atiborrado de tópicos y situaciones inverosímiles. El problema viene del origen, la novela hace aguas y el guión de David Koepp no consigue hacer apasionante ni coherente un relato con tan poca vida. Todo podría haber acabado encajando si tras la cámara hubiera un director con ganas, cosas más ridículas hemos visto, pero la dirección de Ron Howard no puede ser más anodina. ¿En serio que este tipo es el responsable de Apollo XIII? Nadie lo diría.

Ni siquiera Tom Hanks resulta creíble. Se le nota apático y con poco interés, en piloto automático. Su interpretación dista mucho de trabajos recientes como SullyEl puente de los espías o Capitán PhillipsHanks va por el cheque en un papel que ni él mismo se cree, por momentos parece que va a bostezar o mirar el reloj a ver cuánto le falta para acabar la jornada y volver a su hotel. Una pena. Tampoco Felicity Jones (que últimamente está hasta en la sopa) nos brinda su mejor interpretación, se limita a poner morritos y mostrarnos sus 2 incisivos centrales superiores como principal recurso interpretativo. La verdad es que resulta irritante la manera en que en esta franquicia son tratados los personajes femeninos. Como si de una película de 007 se tratara, Langdon debe ir siempre acompañado en sus pesquisas por una bella damisela. La cosa resulta ya muy forzada y no hay quien se la crea, tanto que han metido un toque romántico con otra fémina.. Cierto que toda franquicia tiene sus constantes que le otorgan personalidad propia, pero lo de esta saga es de traca. Ni me creo que siempre haya una bella joven que reclame los servicios de Langdon ni me creo ya esas pistas que van dejando para que Langdon las descifre. El primer libro fue original y tuvo su gracia, pero ahora resulta inverosímil. Todavía más si uno piensa que los lugares que Langdon visita son de sobra conocidos y que cualquier turista en Venecia, Florencia o Estambul va a visitar. Por cierto, señor Brown: ¿No existe otro escritor italiano que no sea Dante Alighieri?
 La verdad es que ya aburre el poco conocimiento de la cultura europea del que hacen gala ciertos escritores estadounidenses de best-sellers.
Ya para terminar, la apatía llega incluso a la partitura de Hans Zimmer, quien se limita a recrear su propia composición para El código Da Vinci y poco más.
Al infierno con ella.
4

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