Moonlight


Moonlight es la historia de un aprendizaje. Y aprender no es más que imitar y repetir lo que hacen los que nos rodean. Así aceptamos las pautas de conducta de los demás y ello nos permite integrarnos en la sociedad a la vez que definimos nuestra propia personalidad.  Moonlight va de eso, de intentar encajar en el Miami humeante de crack de los años 80 y 90.
Nacido en una familia desestructurada y en un  entorno hostil de droga y violencia,  el niño Chiron se recluirá en sí mismo ante las adversidades de la vida. Todo el mundo lleva una máscara y parece actuar de forma competitiva y violenta, pero Chiron no es así. Juan (Mahershala Ali) un narcotraficante de poca monta, cree verse reflejado en este joven chico, le protegerá y será un ejemplo para Chiron. Pero nada las figuras paternas no son perfectas, ni mucho menos, en la vida real. Ya de adolescente Chiron se convierte en objetivo fácil de abusones. Chiron no encuentra su sitio en esta jungla urbana, no tiene unos referentes paternos válidos y debe buscar su propio camino en solitario. También aprenderá que los golpes más dolorosos vienen siempre de los que más te quieren.
Chiron acaba aceptando (a base de golpes y sangre) su falso rol de macho alfa en la sociedad. Ya convertido en adulto, Chiron vive detrás de una máscara, un apodo y una masa de músculos. Chiron decide mutilar sus sentimientos para sobrevivir. Pero su verdadero yo sigue enterrado dentro de sí mismo y pugnando por salir a través de los sueños recurrentes de su infancia. Al final, la infancia es nuestra única patria verdadera, esa que nunca nos abandona, para bien o para mal.
Moonlight es un film intimista. Barry Jenkins nos recuerda con Moonlight a Boyhood, aunque su recorrido vital de un muchacho me resultó más doloroso. Esta vez el protagonista es interpretado por tres actores distintos (Alex Hibbert, Ashton Sanders y Trevante Rhodes), todos bastante creíbles. Jenkins consigue transmitir la lucha interior de personaje pero no logra, quizás no lo busque, emocionarnos. Como espectador, su historia me resultó algo distante. Estamos ante un film valiente y bien facturado pero que no busca la lágrima fácil pero tampoco traspasa la pantalla. No dudo de las buenas intenciones de Barry Jenkins ni de su innegable identificación con el personaje de Chiron, pero su film me dejó algo frío.
Del resto de intérpretes, me quedo con la excelente interpretación de Naomie Harris, muy alejada de su personaje de Moneypenny en la saga de 007 y firme candidata al Oscar. Así mismo Moonlight supone la confirmación de la cantante Janelle Monàe como una actriz solvente tras su personaje en Figuras ocultas.
Lo dicho, buena película sobre lo que supone madurar pero que no me acabó de emocionar, quizás no fuera ése su propósito.
60

Manchester frente al mar (Manchester by the Sea)


Manchester frente al mar puede dar la sorpresa este año en la ceremonia de los Oscars. Sin embargo, que las 6 nominaciones a los Oscars no os confundan, no es un film que agrade a todo tipo de público. No estamos ante una propuesta complaciente con el espectador, todo lo contrario. Avisados estáis. Manchester frente al mar se podría definir como un ensayo sobre el dolor y la culpa. Una historia así podría haberse enfocado como una comedia negra o un lacrimógeno drama con emociones a flor de piel. Pero Kenneth Lonergan se ha salido por la tangente y entrega una propuesta muy contenida y sobria. Quizás demasiado. Tanto que se acerca al radical universo de Giorgios Lanthimos (Canino, Langosta) aunque nunca resulta tan impenetrable.

Que nadie espere salir reconfortado con este film, todo lo contrario. A veces la vida es una mala perra y Manchester frente al mar habla de ello. De cómo un hecho fortuito puede arruinar tu vida irremediablemente. De cómo tu vida se convierte en un inodoro atascado y te deja sin ganas de seguir adelante. Todo ello narrado con un sobrio tono narrativo. Al igual que el helado entorno del film, las emociones de Leee Chadler (Casey Affleck) parecen haberse congelado. No sabemos el motivo, a priori, pero el guión sutilmente nos va dando pistas de lo sucedido hasta que se nos muestra hacia la mitad del film en una desgarradora escena. Es entonces cuando mejor comprendemos al protagonista y surge la empatía hacia este personaje hasta entonces hermético e incomprensible. Todo toma otra perspectiva. Otro desafortunado suceso le obliga a reencontrarse con todo aquello que quiere olvidar, debe volver a su antiguo hogar y a encontrarse con lugares y personas que le evocan una vida anterior más feliz o, simplemente, cuando tenía una vida. Todos los demás han rehecho su vida, pero él es incapaz, sabe que no hay vuelta atrás, solamente le queda la culpa.
Manchester frente al mar es un drama de un hombre devastado por dentro que ha perdido la capacidad de sentir. La culpa lo martiriza y debe seguir viviendo a pesar de no tener ya nada por lo que seguir haciéndolo. Un personaje así de herido necesitaba un trabajo titánico de contención gestual que permitiera transmitir el sufrimiento del protagonista a través de los silencios y miradas perdidas de un gran actor. Y Casey Affleck lo es. El pequeño de los Affleck se rebela una vez más como un tipo sobrado de talento, cierto que su cara aniñada era un hándicap al inicio de su carrera pero ésta ha avanzado a pasos de gigante. Probablemente esté ante el personaje de su vida y no ha desaprovechado la ocasión. Casey Affleck transmite dolor y culpa mientras se erige como el pilar fundamental de la película. Él es Manchester frente al mar y muy posible ganador del Oscar de este año a mejor actor principal.

La relación con su sobrino (Lucas Hedges) se nos antoja como el enfrentamiento entre dos personajes que sufren, no se entienden y no tienen más remedio que convivir, al menos, durante un tiempo. Dicho enfrentamiento podría darnos escenas cómicas pero Lonergan lo evita deliberadamente. A base continuos flashbacks somos testigos de los cambios producidos en la vida de los personajes. Sentimos el contraste y sentimos la pérdida y la ausencia. Manchester frente al mar no deja hueco para la redención, ya es muy tarde para eso. Ni siquiera la fe que parece haber redimido a cierto personaje funciona con Leee Chadler. Todo está perdido. Manchester frente al mar es también un portentoso retrato de la cotidianidad más mundana. Sirva de ejemplo esa escena en la que tío y sobrino no recuerdan donde han aparcado el coche o ese batería que se adelanta. No aportan nada a la trama pero nos acercan a los protagonistas. A pesar de su duro argumento y su metraje (más de 2 horas) el film no aburre gracias a un acertado ritmo y la verosimilitud de las interpretaciones. Interpretaciones de las que destaca, a parte de Affleck, una Michelle Williams en estado de gracia. Ya sabemos que estos papeles lacrimógenos gustan mucho a los académicos, veo justa su nominación a pesar de aparecer poco en pantalla. Por cierto, me llevé una grata sorpresa al reencontrarme con Matthew Broderick, actor al que le había perdido la vista.

Resumiendo, Manchester frente al mar es una sobria reflexión sobre la culpa.
7

Figuras ocultas (Hidden Figures)

La carrera espacial de los Estados Unidos contra la Unión Soviética fue parte esencial de la guerra fría. Ambas superpotencias agudizaron sus ingenios en una carrera para controlar el espacio. Pensemos que en aquella época sin ordenadores todos los cálculos se hacían a mano, por personas de carne y hueso. La carrera espacial es el entorno ideal para ubicar a las tres mujeres protagonistas, que existieron realmente se convirtieron en auténticos ejemplos de superación.

Figuras ocultas es una buena película. Así de claro. Una historia bien narrada, sin estridencias ni moderneces innecesarias por el para mí desconocido Theodore Melfi. Ni siquiera se permite una voz en off ni un flashback. Nada de todo ello es necesario si la historia tiene miga, y Figuras ocultas la tiene. No es un film innovador ni de autor pero es una buena película con una atractiva historia. Pudiera parecer que esta historia es algo del pasado, como si ya no quedaran derechos civiles por los que luchar y ya todo estuviera conseguido. Podríamos pensar que el racismo es una cosa olvidada ya que un afroamericano ha estado durante ocho años en la Casa Blanca. Pero nada más lejos de la realidad. Estos días las asociaciones por los derechos civiles han vuelto a la calle gracias a las reformas que el nuevo presidente Trump pretende llevar a cabo. La conquista por los derechos civiles ha sido un tortuoso camino con no pocos contratiempos y retrocesos. Aún queda mucho camino pero es innegable que mucho se ha avanzado desde el lejano 1961 en el que se sitúa esta película.

Figuras ocultas viene a reivindicar la figura de las mujeres de color que trabajaban como calculadoras en la NASA. No solamente eran mujeres, además eran de color. Lo tenían todo para ser discriminadas pero finalmente se hicieron un hueco. Fue un proceso no exento de decepciones y fracasos pero valía la pena. Ya desde la primera escena nos damos cuenta que el tono de Figuras ocultas no es nunca trágico, no estamos ante un drama racial tipo El color púrpura, sino que Figuras ocultas se sitúa más cerca de la comedia. Una comedia inteligente que busca la sonrisa y la complicidad del espectador. Quizás a muchos resulte chocante tomarse a la ligera un tema tan duro como la segregación racial pero el film se beneficia bastante de este tono de distendida comedia. Al final, el humor es un arma de doble filo. La ridiculización que de los racistas se hace en este film me pareció muy refrescante y necesaria. 

El reparto cumple así como la ambientación y un guión amable que evita los aspectos más escabrosos. El mensaje del film es optimista. Las cosas parecían que iban a mejor en 1962, pero el 1963 mataron al presidente Kennedy (cuya imagen parece dominar casi cada escena desde los retratos) poco más tarde su hermano Bobby y Martin Luther King corrieron la misma suerte. Y luego vino la guerra de Vietnam. Contratiempos que marcaron la convulsa década de los 60 pero no evitaron que las libertades se fueran conquistando gracias al tesón de personas como las tres protagonistas. Como bien dice el personaje más politizado del film, las libertades no se regalan, hay que ganárselas.

La terna protagonista resulta de lo más creíble, tanto Taraji P. Henson y  Octavia Spencer están perfectas. También debo destacar la espontaneidad y frescura que destila la excelente cantante Janelle Monáe (que este año tiene otro film nominado a mejor película, Moonlight). Del resto del reparto me quedo con Kevin Costner (simplemente correcto), una desmejorada Kristen DunstJim Parsons en un personaje no muy alejado del ya mítico Sheldon Cooper de Big bang Theory. 

Realmente estamos ante una buena película con intenciones didácticas y lúdicas pero insuficientes para la nominación a mejor película. Entiendo que la nominación obedece más a las presiones del lobby de color que a los méritos del film, que los tiene pero no creo que merezca tal nominación y mucho menos ganar el Oscar. Para que no acusen a la academia de racista, este año hay varias películas sobre personas de color con importantes nominaciones. Moonlight, Fences y esta Figuras ocultas son una buena prueba de ello.

6,5

HASTA EL ÚLTIMO HOMBRE (HACKSAW RIDGE

 Mel Gibson es un director de lo más singular. Gibson fue una estrella del cine de acción en los años 80 y 90 con sagas como Mad Max o Arma Letal antes de iniciar una más que interesante carrera como director. El éxito estratosférico de Brave heart le encumbró. Sin embargo su siguiente película fue la excelente La pasión de Cristo, rodada en arameo y latín, nada menos. Gibson es coherente en extremo, algo que aplaudo, y se niega a rodar en inglés una historia que no se desarrolló en ese idioma. También rodó Apocalyto en el idioma original de los indios precolombinos. Gibson puede ser un tipo tradicional y algo reaccionario (esas declaraciones sobre el pueblo judío no le hicieron ningún bien) pero es un gran director.

Si los personajes que le hicieron famoso como actor practicaban el nihilismo más absoluto (tanto el detective Riggs de Arma letal como Max Rockatansky lo han pedido todo y ya no tienen fe en nada) sus personajes como director son todo lo contrario. Tienen algo en lo que creer y ese algo les da la fuerza necesaria para luchar contra viento y marea. Sirva como ejemplo el William Wallace de Brave heart que soporta estoico su final en pos de la libertad de su patria. También su Cristo asume su martirio, incluso Garra de jaguar sufre lo indecible por salvar a su familia en Apocalyto. Sus películas emanan un innegable defensa de los valores más universales: la familia, la religión y la patria. Valores que, según Gibson, hacen al hombre mejor. Todo ello está presente también en Hasta el último hombre. Basada en la historia real de Desmond Doss, este héroe de guerra que no disparó ni un solo tiro sirve perfectamente a los propósitos de Gibson. El Desmond Doss, interpretado acertadamente por Andrew Garfield, es un héroe típico de Gibson. Con una fe y una determinación a prueba de bombas Doss que viene a demostrar que el ser humano es más poderoso cuanto mayor es la fe que lo mueve. Las teorías de Gibson son muy discutibles, quizás más que la fe en una guerra sean determinantes la suerte la preparación y el armamento, pero el film funciona.

Gibson va a lo suyo y no se anda por rodeos. Presenta una familia destrozada por la primera guerra mundial que debe ver cómo sus hijos se alistan para luchar en la segunda. Un drama rodeado de una fuerte creencia religiosa y unos principios irrenunciables que chocarán frontalmente con la disciplina militar. Pero Gibson, como buen creyente, cree en la redención y redime a ese padre brutal y traumatizado por la gran guerra a la vez que demuestra la grandeza de las libertades en los Estados Unidos. Cierto, estamos ante un panfleto algo trasnochado que llega varias décadas tarde, pero funciona perfectamente como gran espectáculo. Vaya si funciona. Gibson sabe que la primera parte de su historia no es novedosa, ni lo pretende, y rueda de forma académica una historia mil veces vista. Nada nuevo bajo el sol. Es en la segunda parte del film cuando Gibson demuestra sus dotes como director y narrador, es en la batalla cuando veos brillar a ese Gibson que nos recuerda por momentos al de Brave heart. La guerra es mostrada de forma cruda y sin contemplaciones, casi rozando el gore. La guerra es el infierno en la tierra (y así es mostrado) en el que el verdadero creyente pone a prueba su fe. Gibson nos brinda las que quizás sean las mejores escenas de guerra desde Salvar al soldado Ryan. Cierto que el retrato de secundarios deja un poco que desear y algún personaje como el hermano del protagonista desaparece sin más, pero el film engancha. Yo pasé un rato de lo más entretenido con esta historia algo rancia a mayor gloria de las personas con fe.

No contento con narrarnos la historia como si de la vida de un santo se tratara (alguna escena parece su ascensión a los cielos), Gibson recurre a entrevistas a los protagonistas reales e imágenes de archivo, como si el espectador necesitara de esas imágenes para acabar de creérsela.  A mí me resultaron redundantes, la verdad.

A pesar de su tono casi pastoral y algo pasado de época, el film está muy bien rodado (en especial las escenas de batalla) y entretiene. 

La ciudad de las estrellas (La La Land)


¿Tiene cabida un musical como La La Land hoy en día? ¿No son los musicales cosa del pasado?  Hay que ser muy ingenuo para creer que el público va a acudir en masa a las salas de cine para ver una película en la que los personajes se ponen a cantar sin venir a cuento cada dos por tres. Una cosa son los films animación de Disney tipo Frozen y otra es un musical con actores de carne y hueso. Que la gente ya no traga con esos musicales de antaño que de tan cursis y pedantes casi quedaban bien. Que la década dorada de los musicales pasó hace medio siglo. Esa contagiosa alegría de sus canciones y esa esperanza de que los sueños podían hacerse realidad ya nunca volverán a las pantallas de cine. Ya únicamente se ven ocasionalmente musicales basados en adaptaciones de musicales teatrales tipo Los miserables.
Y sin embargo, La la land es un musical, un estupendo musical. Contra todo pronóstico, Damien Chazelle (autor de la excelente Whiplash) lo ha conseguido. La La Land es la prueba fehaciente de que el musical sigue vivo contra viento y marea. El cine es, aparte de un negocio, la capacidad de hacernos soñar y hay que reconocer que los musicales eran especialistas en ese territorio. La La Land me dejó boquiabierto con su escena inicial. Ese monumental atasco que se transforma en una asombrosa escena musical rodada en una única toma me parece todo un prodigio y bien merece por ella sola el Oscar a mejor película del año. La planificación, la dirección y la coordinación son asombrosas. No es que los bailes hagan alarde de una gran coreografía ni los bailarines sorprendan por su técnica, pero la escena apabulla por su ejecución y su ritmo. A todo ello contribuye esencialmente la música de Justin Hurwitz (colaborador de Chazelle en Whiplash), su partitura es otra segura ganadora de este año y un clásico desde ya.
Tras su espectacular arranque el film o decae en ningún momento. Como todo musical, los sueños y la realidad se confunden y uno no sabe exactamente cuando van a ponerse a cantar los personajes, pero no nos importa. Las canciones son tan contagiosas y pegadizas que tras la primera escucha ya no puedes quitártelas de la cabeza.
Por mucho que se diga que el Jazz está muerto, Sebastian (un Ryan Gosling algo menos inexpresivo que de costumbre) es un consumado pianista de Jazz que persigue su sueño de abrir su propio local aunque para ello deba tocar en bandas que no son de su agrado. Por otro lado, Mia (una Emma Stone simplemente maravillosa) trabaja de camarera en busca de su oportunidad como actriz. A pesar de ser rechazada en decenas de castings no parece perder la esperanza.
Cierto que parece que la historia de amor entre Gosling y la sensacional Emma Stone va a ser la típica historia de amor de chico conoce chica y tal, pero aquí reside otra genialidad de La la land. El romance entre ambos personajes ocupa la primera hora de la película. Sin embargo, a partir de este punto el film continúa y se adentra ahí donde las películas no suelen hacerlo, en el día después. Es esta segunda parte la más madura y la menos fantasiosa, la que nos enfrentará a la realidad. No es La La Land la típica historia de amor con forzado happy end que incluye cientos de extras en Technicolor. No. La la land habla de la necesidad de luchar por lo que amas y le intentar lograr tus sueños a toda costa pero también de la necesidad de madurar. Al fin y al cabo, madurar es asumir que la felicidad no existe más allá de momentos concretos. Los sueños son una meta a conseguir, pero quizás alcanzarlos suponga demasiados sacrificios. Todo ello aderezado por excelentes números musicales y alguna escena de esas en las que a uno se le encoge el corazón.
Obviamente el apartado técnico está cuidado al límite, la fotografía homenajea a esos viejos musicales en Cinemascope rodados es Technicolor (aunque La La Land haya sido rodada en Panavision). Son más que evidentes los guiños a musicales como Bailando bajo la lluvia, Un americano en París o los clásicos de Fred Astaire y Ginger Rogers. Chazelle rueda las escenas musicales en largos planos secuencia que obliga a todo el elenco de actores a no cometer ningún fallo. Ni Goslin ni Stone tenían experiencia previa en musicales ni habían cantado ni bailado nunca antes. Su trabajo es excelente, ni cantan ni bailan especialmente bien, pero suplen sus carencias técnicas con sobrada convicción. Realmente la pareja funciona y tiene una química desbordante. ¿He dicho ya que Emma Stone está insuperable? Qué lección de registros demuestra esta joven actriz. Ya debieron de darle el Oscar por Birdman pero ahora no se lo va a quitar nadie.

Otro aspecto a destacar es la ciudad de Los Angeles como secundario de lujo. Chazelle nos presenta una ciudad de Los Ángeles totalmente idealizada, una ciudad en la que los sueños son posibles, por algo es la meca del cine. El reflejo de la ciudad nos retrotrae a la época dorada de los años 50 con esa fotografía saturada de color. Nada es causal, ni los colores del vestuario ni el más mínimo detalle. Todo tiene su significado en La la land. Igualmente Chazelle inunda su película de una fina ironía y una profunda nostalgia por un tiempo pasado que ya no volverá.

Lo dicho, un clásico desde ya. No se la pierdan

PASAJEROS (PASSENGERS)

Pasajeros es un blockbuster cuyo principal atractivo de cara al gran público es la presencia de Jennifer Lawrence y Chris Pratt. Ellos son las estrellas de este blockbuster romántico-espacial que parece escrito para su lucimiento. Para dirigir este proyecto se eligió al noruego Morten Tyldum quien sorprendió gratamente con el film Headhunters y confirmó su buen hacer con The imitation game. Sinceramente, En Passengers no se nota que haya personalidad ninguna tras la cámara. Como la nave Avalón del film, todo parece ir en piloto automático y sin mayores sobresaltos. Tyldum cumple, nada de innovar o sorprender, y entrega un blockbuster que será un gran éxito de taquilla, pero no deja intuir su personalidad. Lo que se inicia como una estimulante película de ciencia ficción va mutando a una correcta comedia romántica. Objetivo cumplido. Passengers es un film correcto que se deja ver y entretiene lo justo. Es un blockbuster cuyo mayor reclamo son sus dos protagonistas, unos guapos Jennifer Lawrence y Chris Platt convertidos en un sucedáneo espacial de las grandes parejas del celuloide de los que distan años luz. No están mal, cumplen y poco más. Al menos, hay cierta química entre ellos.
En mi opinión, a la peli le falta algo de dramatismo y profundidad. Cierto que se plantean ciertos dilemas morales pero son abordados muy superficialmente. Es como si pensaran que el gran público no quiere pensar demasiado. Con unas caras bonitas, buenos efectos especiales y un buen diseño de producción ya tenemos un blockbuster de manual. Una pena que Passengers no ahonde más en las profundidades del alma humana ni las relaciones de pareja. Se queda en la superficie y no va más allá. Yo hubiera apostado más por la ciencia ficción y menos por el romance. Todo lo referente a la soledad del personaje de Chris Pratt me recordó al Adán bíblico que le pide a Dios una compañera. Pasengers no deja de ser una actualización de Adán y Eva trasladados al espacio. Yo me hubiera inclinado por un desarrollo menos convencional (empezando por otra pareja de protagonistas menos atractivos) cuyos resultados hubieran sido mucho menos gratificantes para el espectador aunque quizás mucho más interesantes. Por cierto, si los protagonistas son Adán y Eva ¿quién sería en el film la figura de Dios? Creo que es un aspecto que apenas se intuye en el film pero el super ordenador de abordo despierta al personaje de Chris Pratt ya que le necesita para un fin concreto. Una interesante metáfora que el film lamentablemente no explora.
Viendo Passengers me vinieron a la mente multitud de clásicos de ciencia ficción como 2001, Solaris, Naves misteriosas, Gravity, Alien o Moon. Incluso me vino a la mente El Resplandor (ese bar y ese barman parecen sacados directamente de las pesadillas de Jack Torrance). Pero el guión de Passengers no alcanza el nivel de ninguna de ellas, usa referencias de sobra conocidas para crear un refrito sin demasiada personalidad. Sirva como ejemplo la inclusión del personaje de Lawrence Fishburne, está metido a presión para que haga de catalizador de la historia cuando parece que ha llegado a un punto muerto. Un recurso facilón que hace que el espectador sospeche que su inteligencia está siendo puesta en duda. Un error de guión que pretende edulcorar la historia y dar el impulso necesario hacia un forzado y previsible final. Cosa que consigue solamente en parte.


Lo dicho, entretiene lo justo y no deja huella.

El contable (The accountant)


Seamos claros desde el principio. El contable es la típica película norteamericana que  requiere del espectador un esfuerzo sobrehumano para resultar creíble. Su trama es de lo más inverosímil, sin embargo, si pasas por alto este importante detalle, puede hacerte pasar un rato entretenido. A mí me pasó, el film me entretuvo a pesar de lo endeble de su propuesta y verle constantemente las intenciones. 

La verdad es que me resultó difícil de creer el personaje de Ben Affleck, una especie de autista que no sólo es un genio de los números sino también un letal asesino. Algo así como el personaje de Dustin Hoffman en Rainman pero criado por Rambo. Ya sabemos que los americanos son expertos en rizar el rizo. Uno no puede dejar de pensar que el mérito de que el film no naufrague completamente recae en la eficiente dirección de Gavin O'connor, responsable de otra película aparentemente insufrible que para mí sorpresa me dejó un estupendo sabor de boca, Warriors. O'Connor parece tener la facultad de entretener y hacernos olvidar premisas del todo inverosímiles. De hecho, una vez más estamos ante el típico film de acción con toques de drama de persona con problemas que supera todas las adversidades y encima es un genio en más de un aspecto. Para más inri tenemos a al típica figura paterna, militar de carrera nada menos, que forja a base de disciplina el carácter de sus hijos. Todo un drama repleto de efectivas escenas de acción que acaba en un supuesto giro argumental que vemos venir desde lejos y fracasa en su intento de sorprendernos. Una pena que el guión sea tan previsible, tras una más que aceptable presentación de personajes y un buen ritmo, el contable se desinfla rápidamente entre persecuciones, luchas cuerpo a cuerpo y tiroteos varios.

Tampoco juega a su favor la interpretación (por llamarlo de alguna manera) de un Ben Affleck tan inexpresivo como viene siendo habitual. Reconozco que este tipo me gusta mucho más cuando se pone detrás de la cámara. La verdad es que Affleck lo intenta pero no da el pego como persona con problemas. Me gustaron mucho más los secundarios, ahí están J.K. Simmons, John Lighgow o Anna Kendrick intentando dar coherencia a unos personajes que no hay por donde cogerlos. Sin ir más lejos, Anna Kendrick interpreta a la típica damisela desvalida metida con calzador que nuestro héroe debe proteger. Vaya novedad.
No es El contable un gran film, ni siquiera una buena película, como mucho estamos ante un pasatiempo aceptable que se olvida inmediatamente.
4,5

Rogue one: una historia de Star Wars

Disney sigue explotando la gallina de los huevos de oro que suponen los derechos de explotación de la saga de Star wars. Al menos, ahora que George Lucas ya no está al mando, no corremos el peligro de que se saque de la manga insoportables personajes de grandes orejas generados por ordenador. Rogue One no es un episodio más de Star Wars, tampoco es una precuela ni una secuela, sino un spin-off. No es el primero del universo Star Wars, afortunadamente casi nadie se acuerda de aquellos subproductos para televisión llamados La Aventura de los Ewoks (1984) y La Batalla en el Planeta de los Ewoks (1985) que incluso llegaron a estrenarse en salas comerciales en nuestro país. Obviamente Rogue one no será el último spin-off. Ya se habla de otros como el dedicado a narrar la juventud de Han Solo, Boba Fett o Chewbacca. ¿Acaso no fueron los episodios I, II y III las aventuras del joven Darth Vader? ¿Acabaremos viendo una serie llamada Tatooine con las andanzas de un adolescente Luke Skyawalker? Todo es posible, ya sabemos que Disney tiene pocos escrúpulos a la hora de hacer caja. El peligro reside en que estiren en exceso la franquicia hasta caer en el sinsentido o el ridículo. La cosa tenía su gracia hasta ahora pero la sobre explotación puede acabar por cansar a los fans. 

Rogue one ya nos informa ya desde el título que estamos ante una avanzadilla, el primer film que rompe el hielo en solitario (rogue significa solitario entre otras acepciones). Vamos, que Rogue one forma parte del universo Star Wars pero no es un episodio oficial de la franquicia. Aparece el rótulo de “Hace mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana…” pero no los títulos que se pierden en el espacio. Tampoco la partitura es del maestro John Williams, al cual un retiro tampoco le vendría nada mal, bien ganado se lo tiene. En Rogue one Michael Giacchino se basa en la mítica música de Williams pero no va más allá de la simple recreación. Su música recuerda a pasajes de sobra conocidos, pero no crea ninguna melodía destacable. Como todo en Rogue one, cumple su cometido de conectar con la saga original pero no innova ni fascina. 

La historia de esta Rogue one se sitúa cronológicamente justo antes del Episodio IV (Una nueva esperanza) con el que enlaza sin fisuras. Ahora, 40 años después, nos enteramos de cómo fueron las pesquisas para robar los planos de la Estrella de la muerte. ¿Realmente a alguien le interesaba saber cómo se robaron esos planos? La verdad es que no. Pero da igual, cualquier excusa es válida para volver a al universo de Star Wars y volver a disfrutar de la saga galáctica más célebre de la historia. Vamos, para que Disney saque tajada. Rogue One lo intenta dignamente pero se ha quedado a medias. Vayamos por partes.

El trailer de Rogue one ya nos avanzaba que Darth Vader aparecía en el film. Vader aparece poco y de forma casi testimonial, pero el interés del film sube bastantes enteros cuando su máscara entra en escena. Ahí está la voz de James Earl Jones en la versión original, en la versión doblada se ha tenido que sustituir la voz de Constantino Romero ya que el mítico doblador ya falleció. Darth Vader es quizás el mayor reclamo del film. Un villano que estaba en plena forma. También aparece Grand Moff Tarkin, interpretado en el film original por el gran Peter Cushing y fallecido hace más de 20 años. Pero la muerte no es impedimento a la hora de darle coherencia a la historia. Ni mucho menos. Con los modernos efectos digitales, se ha devuelto a la vida al gran actor británico. Lo cierto es que la cara digital de Cushing da el pego perfectamente, sus gestos se han copiado magistralmente y casi puedo asegurar que su interpretación es la mejor del film. Si no supieras que ese actor lleva muerto dos décadas, te creerías que un actor de carne y hueso todavía en activo, asombroso. No ocurre lo mismo con otro mítico personaje de la trilogía original cuyo nombre no voy a desvelar y que también ha sido generado por ordenador. El fan agradece los guiños en forma de cameos, pero alguno del final se lo podrían haber ahorrado. No digo más.

Lo más novedoso de Rogue one es ese creciente protagonismo de los roles femeninos en el universo Star Wars. Tanto en el Episodio VII con Rey como en este spin-off con Jyn Erso, las mujeres toman las riendas de la trama. Jyn Erso, encarnada por la estupenda actriz Felicity Jones (Un monstruo viene a verme, La teoría del todo), no es una princesa que debe ser rescatada por el joven héroe. La verdad es que el reparto resulta creíble pero desaprovechado. Dentro del bando de los rebeldes tenemos a personajes interpretados por el británico-paquistaní Riz Ahmed, el mexicano Diego Luna, el afroamericano Forest Whitaker, el hongkonés Donnie Yan y el chino Wen Jiang. Quizás sea una treta comercial de Disney para ganarse los mercados latino y asiático (lo más probable), pero se agradece la variedad étnica y que no estén generados por ordenador. Debo mencionar que la química ente Diego Luna y Felicity Jones es totalmente inexistente. Tenía que haber un droide, Alan Tudyk presta su voz a K-2SO, un sucedáneo de C3-PO cuyas supuestas gracias no lo son tanto. El padre de Jyn, Galen Erso, está encarnado por el danés Mads Mikkelsen (Hannibal) quien resulta tan inexpresivo como viene siendo habitual. Sin embargo, a mí quien me ha fascinado, como siempre, es la inquietante presencia de Ben Mendelsohn (Lost River). Eso sí es un villano que aterra con su sola presencia, sin máscaras ni respiraciones forzadas, un cabrón de una pieza corroído por la ambición. Una pena que el decepcionante guión no le haya dado más cancha a este personaje.

Disney ha contratado como director a Gareth Edwards, un tipo que con solo 2 películas de monstruos (Monsters y el remake de Godzilla) se ganó el respeto de la crítica y público. Edwards hace un buen trabajo, acepta el encargo y dirige siendo consciente que el éxito del reto se basa en contentar a unos fans que no quieren innovaciones. Con ser fiel a lo ya conocido tenía mucho ganado. Su film es un éxito si hablamos de continuidad con el universo Star wars en el que se engloba. Nada desentona ni resulta estridente. Edwards sabe rodar y se desenvuelve perfectamente en las escenas de batallas a pesar de haber actualizado algo la manera de presentarnos la acción. Hay más movimientos de cámara y acaba mareando un poco, algo que ya pasaba en El despertar de la fuerza. Sin embargo, Edwards está en piloto automático y se limita a rodar sin salirse un ápice de los cánones de la franquicia. Otra cosa hubiera sido impensable.

El problema de Rogue one no reside en la correcta dirección de Edwards sino en su guión. Se dice que una vez finalizado el rodaje, los capos de Disney se alarmaron con el resultado y decidieron reescribir el guión (en el que colaboró hasta Tony Gilroy) y volver a rodar buena parte de las escenas durante dos meses de rodaje extra. Todo ello explicaría los bajones de ritmo y la confusión reinante en el producto final. Peor aún, Rogue one se hace tediosa por momentos al público infantil y fracasa a la hora de presentar y desarrollar los personajes. Ni K2 consigue ser ese droide simpático ni las relaciones entre los personajes están bien plasmadas. Sirva como ejemplo el desastroso desarrollo de la pareja formada por Baze Malbus y Chirrut Îmwe (el oriental ciego). Un dúo que podría habernos proporcionado grandes momentos que se queda en nada. Una pena. A esta historia le falta ironía y un toque de humor, yo eché de menos a Han Solo y a esa pareja mal avenida que son R2-D2 y C3-P0.

 Ocurre que los efectos especiales, los diseños, el vestuario y las naves de Star wars están ahí, pero falta la magia. Rogue One tiene un final épico perfectamente rodado que no emociona lo suficiente debido a que no se ha dedicado el metraje necesario a desarrollar los personajes. En 133 minutos, no se consigue crear en el espectador la empatía necesaria. Entre tanto nuevo planeta y tanto viaje al híper espacio se han olvidado que, más allá de los efectos especiales, Star Wars enganchó a varias generaciones gracias a la identificación con unos carismáticos personajes. Y aquí el carisma no asoma por ningún lado.


Rogue one ni innova ni sorprende, es un sucedáneo innecesario que ni siquiera divierte lo que debiera. Cumple, pero nada más.

5,5

LA CHICA DEL TREN (THE GIRL ON THE TRAIN)


 He de admitir que no había leído la novela de Paula Hawkins ni tenía ni idea de qué iba La chica del tren. Así pues, me dispuse a ver la película sin la menor idea de su trama. Algo difícil hoy en día, con tanto trailer que te cuenta toda la película y tanto idiota por la red que se dedica a destripar la tramas sin previo aviso. Únicamente sabía que la protagonista es Emily Blunt, actriz muy competente aunque algo desaprovechada en papeles de florero al que el macho de turno debe salvar. Al menos, en La chica del tren demuestra  que es más que una cara bonita y ella es lo mejor del film. No es que estemos ante un thriller revolucionario pero sí ante un entretenimiento digno si uno no es muy exigente.
Viendo el film uno supone que la adaptación ha debido de ser bastante fácil. Como otros muchos best-sellers, la estructura cinematográfica estaba implícita ya en la novela. Me sorprendió gratamente que la protagonista sea una mujer con una adicción al alcohol y su vida de esté hundiendo en el fango. Considero muy positivo que las mujeres vayan tomando protagonismo en el cine comercial, aunque sea en roles tan poco edificantes. La verdad es que en esta película los personajes femeninos están mucho mejor definidos que los masculinos. Esta anti heroína alcohólica y sus lagunas mentales son el nudo principal del film. Me pareció muy bien llevada la presentación de un personaje de quien la vergüenza y el rencor son sus únicas aliadas. Su rutina parece romperse únicamente por la vistas desde su ventanilla del tren. Es esa observación de las vidas ajenas y la idea de que ella podría llevar esa vida lo que pone en marcha la película.
El director Tate Taylor (Criadas y señoras, I Feel Good) consigue que entremos en su juego y nos convierte en voyeurs consumidos por el morbo de saber qué pasa en las casas ajenas. Con un montaje desordenado y multitud de flashbacks Taylor coloca al espectador casi tan confundido como a la protagonista. Taylor nos va llevando de forma aceptable por una trama que entretiene, al menos durante un rato. Como era de esperar, Taylor nos oculta información y hace trampas al espectador con ese montaje tan sincopado pero su juego entretiene y pasa rápido. La cosa funciona cuando aborda la idealización de las parejas observadas y el contraste con la solitaria vida de la protagonista. Lamentablemente, luego la cosa decae acercándose peligrosamente al telefilm de domingo por la tarde en Antena 3 sazonado con escenas pseudo-eróticas metidas con calzador y desnudos de la bella actriz Haley Bennet. Por si a alguién le interesa, Luke Evans también sale estupendo. Una pena que una premisa no muy original pero sí efectiva pierda fuelle de esta manera a pesar del buen hacer de Emily Blunt. El desarrollo se torna rutinario y poco original, incluso vemos venir ciertos giros de guión que se supone deberían sorprender al espectador.
Lo dicho, otro entretenimiento que se ve sin problemas y no deja poso alguno.
5

Captain Fantastic


 Hoy voy a comentar una película muy especial. En una escena de Captain Fantastic, el protagonista (Viggo Mortensen) se toma tranquilamente un café desnudo en la puerta del autobús en el que viaja. Ante la mirada de reprobación de unos transeúntes, les espeta que sólo es un pene, no hay nada malo en ello. Y tiene toda la razón. No hay nada malo en un cuerpo desnudo, el cuerpo en sí no es sinónimo de pecado ni de perversión. Es simple anatomía. Quizás el problema resida en los usos y costumbres sociales. Mostrarnos tal y cómo somos nos puede hacer vulnerables a los comentarios de los demás. Mediante la educación, el individuo acepta las normas de la sociedad desde la infancia, las interioriza y las hace suyas. Parapetados tras las normas impuestas por la sociedad, nos socializamos con nuestros semejantes. Cualquiera que viva de otra manera será catalogado como un loco o un insensato. Aunque quizás sea necesario que haya personas que vivan al margen y observen nuestra sociedad de consumo desde fuera. De eso va Captain fantastic, de la necesidad de otra mirada hacia la sociedad. Existen otras formas de entender la sociedad y, muy probablemente, tienen mucho que enseñarnos.

El protagonista de la película decidió hace tiempo vivir junto con su mujer y sus hijos a parte de la sociedad y causando el mínimo impacto medioambiental. Encuentro excesivas ciertas prácticas mostradas en el film (el rito iniciático, el duro entrenamiento, la escalada) pero en esencia me parece muy valiente e interesante esta propuesta. El film se podría entender como un ataque frontal al capitalismo imperante pero también a los fanatismos en los que no es tan difícil caer. Cualquier extremismo puede ser peligroso aunque lo más grave es que aceptemos como normal propuestas extremas. Un ejemplo: cuando los jóvenes hijos del protagonista entran en un restaurante de comida rápida, piensan que todos los clientes están enfermos debido a su desorbitado sobrepeso. En otro momento del film, se dice que los norteamericanos están infra educados y sobre alimentados, afirmación que, visto el resultado de las últimas elecciones presidenciales, bien podría ser cierta. En definitiva, Captain fantastic contrapone dos maneras de vivir y relacionarse con el medio ambiente. Y lo hace consiguiendo siempre un tono amable, nada de ácida crítica social, y sin caer en el maniqueísmo ni la demagogia.

Al espectador medio puede chocarle que la familia protagonista no celebre la Navidad pero sí el nacimiento de Noam Chomsky (muy probablemente, el espectador medio no sabrá quien es Noam Chomsky ni le importe un pimiento). Sin embargo no dejan de ser admirables y deseables en todo sistema educativo el fomento del espíritu crítico y la capacidad para expresarse con sus propias palabras. Frente a una educación basada en la repetición, el film contrapone el desarrollo de la capacidad de razonar y de solucionar problemas mediante los propios medios. La libertad que supone vivir ajeno a los tabús de la sociedad permite hablar de sexo con toda naturalidad, admirable la escena en la que aborda el Lolita de Vladimir Nabokov. Frente a una sociedad de consumo que únicamente pretende crear consumidores obedientes, el film propone crear ciudadanos con su propio criterio.

Muy valiente me parece la carrera de Viggo Mortensen, un actor que, tras El señor de los anillos, podría haberse ganado la vida perfectamente trabajando en superproducciones de acción pero prefiere proyectos mucho más personales. Entiendo que ese es su camino y lo respeto. Es innegable su compromiso, algo que hoy en día escasea tanto o más que el talento. De talento va sobrado el joven reparto de esta película, o mucho me equivoco o los muchachos de este film van a dar bastante guerra en el futuro.

Lo dicho, Captain fantastic  es un film necesario que nos muestra otra manera de entender el mundo.

7

Vaiana

 Parece que Disney se está adaptando a los nuevos tiempos y los roles de sus personajes femeninos están cambiando. La absorción de Pixar supuso la asimilación de su equipo creativo y la nueva savia le ha venido francamente bien al gigante de la animación. Llegan olas refrescantes al mortecino repertorio de Disney. Las nuevas heroínas ya no son siempre de raza blanca, no olvidemos que Tiana y el sapo fue la primera película de Disney protagonizada por una chica de color tras 80 años de historia. Nunca es tarde si la dicha es buena.
En Vaiana la protagonista tampoco es exactamente una princesa, es la hija del jefe de la tribu de la Polinesia, que es parecido. Ni siquiera hay aquí una historia de amor ni un príncipe azul, elementos que no son necesarios y que uno aprecia que no se incluyan con calzador. Aquí, como en Brave, es la chica la que debe sacarse las castañas del fuego si quiere sobrevivir. Se agradecen igualmente estos gestos hacia otras etnias y que salgamos de los ambientes palaciegos. Los avances en la trama y los personajes se quedan cortos con los avances técnicos. En Vaiana el mar es el absoluto protagonista, estando en el 80% de las escenas, siendo su representación en pantalla simplemente asombrosa. La verdad es que la animación por ordenador de esta película es fascinante. Las escenas marinas son para quedarte con la boca abierta, también las texturas de los tatuajes son asombrosos. Técnicamente nos encontramos ante un film espectacular, todo un paso de gigante en la animación por ordenador.
John Musker y Ron Clements son los responsables de éxitos de la factoría Disney como Aladdin, La sirenita, Hércules o Tiana y el sapo. Su solvencia está más que probada y una vez más demuestran su total dominio de la técnica. Más allá de las novedades ya citadas, la historia no es muy novedosa pero, al menos, no es la enésima repetición de caducos esquemas. Cierto que la historia no tiene ni pies ni cabeza, pero no procede ponerse quisquilloso con este tipo de historias, es mejor dejarse llevar e intentar que la magia haga efecto en uno como cuando éramos niños. Vaiana me ha maravillado por momentos gracias a la fuerza de sus imágenes. Se hace muy ágil y divertida para los niños (ese pollo es un hallazgo) mientras a los mayores sus 113 minutos no se nos hacen pesados, excepto por las inevitables canciones metidas con calzador. Uffff. Reconozco que algunas canciones me sobraron, son pegajosas y sirven para reforzar las imágenes pero no están a la altura de éxitos recientes como Frozen o Enredados. Al menos, en la primera escucha. Ya os diré cuando las haya escuchado cientos de veces.
Debo citar que me agradaron ciertos toques de auto parodia o esa fugaz aparición de cierto reno que salía en un film reciente de la factoría. Incluso, al final de los títulos de crédito (algo que ya usaba Pixar) hay una cita a un divertido personaje del imaginario creado por Disney. Los de Disney saben que sus películas son clásicos para varias generaciones y que han pasado a formar parte de nuestra cultura (nos guste o no) y las usan como referencia. Otra novedad que es bienvenida. Hablando de referencias, igual son cosas mías, yo vi cierto tono general a lo Miyazaki, mientras los Kakamora me recordaron a Mad Max: Fury road.
 Vaiana se pasa en un suspiro y es todo un alarde visual que bien merece pagar una entrada de cine. Mis hijos han salido encantados y sus padres también.

6

The Neon Demon


Recuerdo que juré no volver a ver ninguna película del pedante y aburrido Nicolas Winding Refn tras ver Sólo dios perdona . Al final, me ha podido el morbo y he vuelto a picar el anzuelo. La culpa es mía, lo sé, pero la historia prometía. Una joven modelo recién llegada a Los Ángeles descubre los sinsabores de la profesión. Una preciosísima fotografía y una cuidada puesta en escena prometían un estimulante espectáculo visual. Y ahí es donde no defrauda el amigo Nicolas Winding Refn, que ahora le da por firmar NWR. The neon demon es todo un disfrute audiovisual. Esos colores saturados de la fotografía de Natasha Braier se fusionan de forma magistral con la música de Cliff Martínez provocando una experiencia sensorial muy poco habitual en el cine actual. Los títulos de crédito me parecieron simplemente fascinantes, lo mejor de la película. El resultado resulta hipnótico durante buena parte del metraje, pero uno acaba dándose cuenta de que le están tomando el pelo. The neon demon no es una película, es un caro vídeo clip de 2 horas.
The neon demon viene a ser la sublimación de todo lo que Nicolas Winding Refn (o NWR) nos ha ofrecido hasta la fecha. Es un film salvaje y libre de toda cortapisa, un rara avis que no teme combinar géneros en busca de su propia personalidad. Obviamente, Nicolas Winding Refn no anda escaso de personalidad o, mejor dicho, de ego. Sin embargo, el castillo de naipes que construye a base de un apartado técnico fascinante se va al carajo gracias a su exasperante falta del ritmo y su incapacidad narrativa. A NWR le importa un bledo contar una historia, eso está pasado de moda. Refn busca crear sensaciones en el espectador, sensaciones que van de la fascinación inicial a la repulsión pasando por el hastío. Por algo es seguidor de Jodorowsky. Reconozco que el film tiene aciertos visuales y en algunos momentos casi creí que estaba ante un film realmente importante, pero todo se quedó en nada. Una vez más, Nicolas Winding Refn nos aburre con sus lentos travelings y sus eternos silencios mientras es incapaz de que sus escasos diálogos espanten el tedio. Quizás sea injusto por nuestra parte valorar The neon demon como una película y no como una experiencia.

Entiendo su fascinación por el lado más turbio de la moda. Le compro la idea de la sociedad excesivamente pendiente de la imagen y ese terrible culto al cuerpo. La belleza es un arma de doble filo. Que los hombres son todos unos machistas obsesos sexuales (vamos, unos cerdos) y que la sociedad ha convertido a las mujeres en meros objetos sexuales tampoco lo ha descubierto este señor. Millones de mujeres viven bajo la tiranía impuesta por la sociedad machista que les obliga a maquillarse ocultando sus defectos o desviaciones de unos cánones de belleza inalcanzables. Cánones creados por la moda y la publicidad. Millones de mujeres viven mostrando su mejor cara, una que no es realmente la suya, en busca de agradar a los demás y no a sí mismas. Ya sabemos que la belleza es efímera pero da poder, todos quieren poseer la belleza y muchos estarían dispuestos a cualquier cosa por conseguirlo. Que sí, que el mundo de la moda está lleno de vampiros sin escrúpulos. Ya lo sabemos todos. Profundas reflexiones que bien merecen una película y que NWR ha sido incapaz de desarrollar. O quizás nunca fue esa su intención, quizás solamente pretendiera hacer un interminable vídeo musical.
The neon demon muta del aburrimiento al asco en un giro final que pretende sorprender y realmente nos deja indiferentes. La belleza depende del ojo del observador, otra obviedad de Refn se toma de forma literal y sin sutilezas. NWR se queda en la superficie y no profundiza, su película está vacía, no hay nada tras su fantástica apariencia. Ni siquiera resulta tan perturbador cuando intenta provocar, escenas como la de la ducha y el depósito de cadáveres me resultaron totalmente gratuitas. Debo destacar alguna frase que pretende ser trascendente y resulta ridícula tipo ” La belleza no lo es todo, es lo único” o “No quiero ser como ellos, ellos quieren ser yo”. Tampoco el reparto transmite la más mínima empatía ni convicción en sus interpretaciones. Elle Fanning está preciosa pero transmite menos que un clavo oxidado. Lo mismo se puede decir del resto del reparto. Por cierto, no sé qué pinta Keanu Reeves en ese papel que podría haber interpretado cualquier otro actor.
A mí me da por pensar que Nicolas Winding Refn pretendía hacer una obra de arte que dividiera la historia del arte (quien sabe de la humanidad) en dos. Un hito que sirviera para contabilizar el tiempo transcurrido desde su estreno así como ahora contamos en occidente el tiempo desde el nacimiento de Cristo. Pero sus pretensiones no van acompañadas de su talento, ni de lejos. Su film se hace pretencioso y aburrido como pocos. Tras esa pasmosa y electrizante puesta en escena no hay nada. Como si de una preciosista metáfora del mundo de la moda se tratara, The neon demon es un elaborado envoltorio para un gran vacío. No hay nada bajo la superficie, únicamente una historia simplona mil veces vista.

Si valoramos The Neon Demon como un vídeo clip, resulta demasiado largo. Si lo valoramos como un tratado sobre la moda y la belleza, resulta ridículo por su obviedad. Y si lo valoramos como película de terror resulta totalmente vacía.

Café society


 Café society probablemente será recordada por propiciar el encuentro profesional entre Woody Allen (80 años) y el maestro de la fotografía Vittorio Storaro (76 años). Storaro es quizás el director de fotografía vivo más influyente y justo ganador de 3 Oscars por Apocalypse Now, Reds y El último emperador. Casi nada. El encuentro se debió a que Darius Khondji,  director de fotografía de las 4 últimas películas de Allen, no estaba disponible y Allen pensó en Storaro. Estos dos veteranos han afrontado juntos el salto a la era digital. Café society es la primera película que ambos ruedan en digital, sin celuloide. El cambio no ha sido traumático, se trataba de no luchar contra la imparable corriente del progreso y adaptarse a los nuevos tiempos. Tras 58 películas en celuloide, Storaro ha esperado a dar el salto hasta que encontró una cámara (la Sony F65 4K) que fuera capaz de captar su particular forma de entender la luz. Para Storaro la luz lo es todo y todo es luz. El resultado del cambio a lo digital no puede haber sido mejor. La inspiración de la fotografía de Storaro para esta película ambientada en los años 30 hemos de buscarla en fotógrafos como Alfred Stieglitz, Edward Steichen o la pintora Georgia O’Keeffe. El resultado ha sido tan favorable que Storaro urge a las empresas propietarias de los cines a que instales proyectores 4K, actualmente lo más que hay son 2K. La verdad es que el resultado es impresionante. Café society es una gozada para la vista.
Otra novedad de Café Society supone que fuera lanzada por Amazon Studios y Lionsgate. Que Amazon financie un film de Allen nos da a entender que Allen sigue siendo un valor en alza, también entiendo como buena noticia que haya rodado una serie de televisión para Netflix. Los tiempos están cambiando y Woody Allen parece adaptarse magistralmente.
La historia de Café society se desarrolla en dos ambientes totalmente diferentes, por un lado el Hollywood y por otro el Bronx. La historia de este joven judío neoyorkino (Jesse Eisenberg) que busca fortuna en Hollywood y se enamora de la secretaria (Kristen Stewart) de un influyente agente de Hollywood (Steve Carell), quien, además, es su tío. Nada nuevo bajo el sol. Incluso no cuesta nada imaginarse a Jesse Eisenberg  como un joven Woody Allen ¿Siempre sus protagonistas deben ser judíos y neuróticos como el propio Allen? Estamos ante la típica historia de Woody Allen sobre esa clase acomodada que no acaba de ser feliz. Se palpa la nostalgia por ese Hollywood dorado de los años 30 que ya nunca volverá. El envoltorio es inmejorable, una perfecta recreación de la época gracias a Storaro y la soberbia música de Vince Giordano And The Nighthawks, pero el guión de Allen no está a la altura. Si Café society es todo un espectáculo audiovisual, su guión desmerece el conjunto.

 El problema es que su historia no llega al espectador, no divierte. Hay equívocos y medias verdades y Allen sigue haciendo uso de su sarcasmo hacia la religión judía pero Café society no es una comedia. O, al menos, tal y cómo entendemos hoy la comedia. Escenas como la de la madre o la visita de la prostituta podrían haber sido muy divertidas, pero Allen las conduce hacia un lánguido término medio. De hecho, Allen pretende no caer nunca del lado del drama ni de la comedia. Mantiene un tono amable y liviano mientras la historia avanza a buen ritmo aunque quizás peque de indefinición o quizás ese sea precisamente su gran virtud. Esta historia podría haber sido una gran comedia llena de enredos o una apasionada historia de amor, pero Allen prefiere la contención y las medias tintas. Allen huye de la ironía y los diálogos afilados en busca de una introspección de los personajes que nunca llega a calar en el espectador. Al final uno se da cuenta que hemos asistido a un drama, pues no me había dado cuenta durante todo el metraje. Debo reconocer que la historia me dejó frío. Esa tierra de nadie por la que hábilmente transita no acabó de satisfacerme. Hay que reconocerle el valor a Woody Allen por perpetrar un guión así, pero esta vez su propuesta dista mucho de ser redonda.
Quizás a la tibieza del resultado final haya contribuido la floja interpretación de un Jesse Eisenberg que no resulta creíble en ningún momento, siempre parece incómodo. Al menos, Kristen Stewart está bastante correcta, ya no se mesa continuamente el pelo como en Crepúsculo. También sorprende Steve Carrell una vez en un registro alejado de la comedia. De la modelo Blake Lively únicamente puedo decir que me sorprendió muy gratamente su naturalidad en pantalla.
Resumiendo, yo prefiero el Allen más ácido frente a este Allen introspectivo. Quizás vaya siendo hora de retirarse, maestro. Al menos, el film nos permite disfrutar del trabajo del genio Storaro y la música de Vince Giordano.

6,5

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