Chris Cornell: Scream



Que no te confunda la portada del tercer disco en solitario de Chris Cornell, lo de romper una guitarra no es en una actitud rockera sino un presagio del contenido del disco.

Partamos de la base de que cualquier artista puede hacer lo que quiera con su carrera, guste o no guste a sus seguidores. Si los artistas se dedicaran (muchos ya lo hacen) a mirarse el ombligo y publicar trabajos destinados únicamente a contentar a sus fans, no habría riesgo ni experimentación.
Dicho lo anterior, también los fans tienen derecho a opinar y decir si les gusta o no los cambios de estilo de los artistas. ¿A qué viene todo esto? Simplemente a que Chris Cornell (una de las mejores voces del rock y cabeza visible de grupazos como Soundgarden o Audioslave) ha dado un giro radical a su música en su tercer disco en solitario, Scream. Muchos rockeros se han rasgado las vestiduras y reniegan de él. Pero yo creo que hay que darles una oportunidad a los artistas a que busquen nuevos caminos. Luego nos quejamos que muchos repiten fórmula disco tras disco (AC/DC) aunque dicha fórmula sea tan magistral como la de la Coca-Cola.

La novedad radica fundamentalmente en la desafortunada elección como productor de Timbaland, tipo que impregna a todas sus producciones de sus característicos ritmos hip hop y su preocupante falta de ideas. Aunque la tarjeta de presentación de Timbaland dice que ha trabajado artistas de la talla de Nelly Furtado, Madonna o Björk, seguro que no dice que con él dichos artistas han alcanzado las cotas más bajas de su discografía. Para mí Timbaland fue un soplo de aire fresco que se convirtió rápidamente en asfixiante brisa. Por cierto, lo que hizo con Madonna y su Hard Candy no tiene nombre... ¿Qué ha llevado a Chris Cornell quere trabajar con este tipo? Supongo que deseaba un cambio de aires o se ha cansado temporalmente del rock.


El disco sorprende por su sonido urbano y la falta de guitarras, es muy Timbaland, demasiado. Las melodías y la excepcional voz de Cornell siguen estando ahí pero ahogadas entre un mar de ritmos sincopados, loops y samplers vocales. Si consigues pasar del primer tema (Part of me) sin rasgarte las vestiduras de cuero negro puede que te encuentres con alguna melodía pegadiza marca de la casa y la voz de Cornell tan genial como siempre. Una voz capaz de salvar casi cualquier canción. Pero todo lo demás no está a la altura. Las canciones no son tan malas pero no están al nivel de lo que Cornell nos tiene acostumbrados.

A mí el disco me ha recordado a los peores discos de Michael Jackson (de quien Cornell ya versionó su Billie Jean) en cuanto a sonido y repetición de estribillos hasta aburrir. Los temas se suceden uno tras otro sin nada destacable. Los mejores temas para mí son "Long Gone" y "Other side of town" el resto dejan bastante que desear, la verdad.

La experimentación está bien, pero no siempre el resultado es bueno. Un disco sólo recomendable para los muy fans de la voz de Cornell.

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