jueves, 27 de diciembre de 2012

De óxido y hueso (De rouille et d'os)


 El director francés Jacques Audiard gustó mucho con Un profeta, en su nueva película centra su mirada en una realidad incómoda  que nadie quiere mirar.

De óxido y hueso no es la típica historia de chico conoce chica. Avisados estáis. Ni siquiera hay un romance aunque sí se puede decir que es una historia de amor. Audiard se sale deliberadamente de los cánones del cine convencional y nos presenta a unos personajes heridos por la vida pero que no tienen más remedio que seguir viviendo.

El personaje principal, encarnado magistralmente por Marion Cotillard, ha sufrido un accidente que le ha dejado terribles secuelas que la marcarán de por vida, teme exponerse a los demás y añora irremediablemente una vida que ya no va a volver. Le hacen daño las cosas que antes amaba y se encuentra sola en un cuerpo que ya nunca será lo que era.
Mientras Mathias Schoenaerts representa a un tipo bastante simple que se enfrenta a una situación desesperada, debe hacerse cargo de su hijo mientras busca trabajo como segurata en empresas y discotecas. Su afición a las peleas y la urgencia de dinero le harán meterse en peleas clandestinas. Ambos han recibido palos bastante duros de la vida e intentan rehacer sus vidas, sólo la desesperación logrará unir sus destinos. No son dos personajes habituales de una historia de amor. Quizás por eso resulten tan creíbles y tan cercanos.


No es un film perfecto: tiene algunos problemas de ritmo, hay situaciones un poco forzadas y el final no me acaba de encajar, pero nada importa si en pantalla está la grandiosa Marion Cotillard en estado de gracia. Cotillard no sólo se come la pantalla en cada escena, sino que la traspasa y trasmite todo el dolor de su personaje. Impresionante la escena del despertar tras el accidente o la del balcón, por citar sólo un par. Un personaje tan difícil requería de una actriz excepcional, fuera de serie, y Marion Cotillard lo es.

Audiard no se recrea en lo escabroso o desagradable pero tampoco lo evita. Incluso logra cierta belleza en momentos realmente duros como la imagen de la muela dando vueltas por el suelo o la forma casi onírica de rodar el accidente. Por cierto, Audiard pone la tecnología al servicio de la historia y no al revés, que suele ser lo habitual. Audiard se sirve de los efectos para sumergirnos en una terrible realidad, no para escapar de ella.


  De óxido y hueso no es de fácil visionado (recomiendo a los aficionados a los blockbusters que huyan de este film como si de la lepra se tratara). Es un film imperfecto y áspero, pero recomendable.
7

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gustó mucho, pero no sé si el final es un sueño, no acaba de encajarme.