La gran belleza (La grande Bellezza)



 Ya desde el primer momento el espectador sabe que no está ante un film del montón. Paolo Sorrentino nos sorprende con un exquisito prólogo que es todo un homenaje a Roma, la ciudad eterna, cuna de imperios y una de las ciudades más bellas del mundo. Sorretino deleita al espectador con una sofisticada combinación de música e imágenes. Con un coro femenino, una fuente y unos turistas japoneses, el film nos introduce en un mágico mundo de belleza y tranquilidad, en la idílica Roma en la que incluso la muerte hace su aparición de forma hermosa. Sin embargo, un grito y un primer plano nos sumergen abruptamente en otra realidad, en otra Roma mucho más real y mundana.

 Tras la curiosa Un lugar donde quedarse, Sorrentino vuelve a incidir en personajes extremos que viven en su propio mundo. El mundo reflejado en La gran belleza es tan bello como superficial. Los personajes son mezquinos y falsos, acomodados en sus lujosas mansiones y sus propias mentiras. Son Peter Pans en busca de la eterna belleza y la eterna juventud, deformaciones grotescas de una sociedad que rinde culto a lo joven y lo bello. Pero el paso del tiempo y la muerte (la misma cosa, al fin y al cabo) no dejan a nadie impune. Es hora de dejar de buscar la belleza y buscar la verdad en otra parte.

 Como todos ya sabemos, la burguesía sustituyó a la nobleza de antaño pero ha caído en su misma trampa, una  existencia hedonista vacía de contenido. Sin metas no hay realización posible. Quien lo tiene todo no desea nada y acaba aburrido. Pobrecitos estos ricos aburridos en sus mansiones. Sorrentino nos presenta a estos decadentes (patéticos más bien) personajes en fiestas de música moderna bailando ridículamente, como seres permanentemente fuera de lugar, viviendo en un paraíso artificial, falso, pero paraíso a fin y al cabo. Un lugar reservado sólo a unos pocos snobs en el que una niña pinta a regañadientes cuadros abstractos que valen millones y una autoproclamada artista se dedica a estampar su cabeza contra un muro como expresión artística. El arte moderno es una basura, ya lo sabíamos todos, echadle la culpa al maldito Duchamp, pero Sorrentino lo expone magistralmente.

En esta ácida crítica no se libra ni el clero, me pareció muy revelador el personaje del obispo más interesado en recetas de cocina que en los problemas de la fe. Como el resto de personajes, se ha acomodado en su privilegiada situación y ha olvidado la razón de su existencia, se ha perdido en lo superfluo y se ha olvidado de su misión en la vida. Sepulcros blanqueados.

En el centro de esta espiral de seres ociosos tenemos a Jep Gambardella (magistral Toni Servillo), un escritor que sólo escribió un libro hace muchos años y que ahora al cumplir 65 años debe afrontar el hecho de que ha desperdiciado su vida. Ni las conquistas de ricas herederas ni las chácharas artificiosamente cultas son ya del agrado de nuestro protagonista. El tiempo se le acaba y le hace ver que su existencia a sido agradable pero quizás no demasiado útil. Su momento de gloria pasó hace mucho y la muerte se está llevando incluso a amigos más jóvenes que él. Gambardella sigue buscando ese amor verdadero que pasó una vez por su vida y dejó escapar.


Entre tanto personaje banal la aparición de Sor María, una monja centenaria, viene a poner de manifiesto la estupidez existencial de esta decadente élite. Es una santa que se alimenta de raíces y no hace alarde de su pobreza, un ser que vive para los demás y no para el qué pensarán los demás. Ni la apariencia ni la ostentación parecen ejercer en ella ninguna influencia, es libre en su decrépito cuerpo.

En un mundo frívolo y sin sentido, Sorrentino nos ofrece un film imperfecto e irregular pero de una innegable atracción. Puede que algunos pasajes sobren o el ritmo del film no sea perfecto, todo es perdonable si contiene momentos de tal fascinación (basten como ejemplon el citado prólogo o los créditos finales).
La poderosa belleza plasmada en la imágenes, por una vez, viene acompañada de un profundo significado. Un film muy bello tanto en imágenes como en contenido. Una maravilla.

1 comentario:

Lulabylula dijo...

Película preciosa, rara y excéntrica.
De acuerdo con lo que dices. Bonita tu crítica.

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