Rogue one: una historia de Star Wars

Disney sigue explotando la gallina de los huevos de oro que suponen los derechos de explotación de la saga de Star wars. Al menos, ahora que George Lucas ya no está al mando, no corremos el peligro de que se saque de la manga insoportables personajes de grandes orejas generados por ordenador. Rogue One no es un episodio más de Star Wars, tampoco es una precuela ni una secuela, sino un spin-off. No es el primero del universo Star Wars, afortunadamente casi nadie se acuerda de aquellos subproductos para televisión llamados La Aventura de los Ewoks (1984) y La Batalla en el Planeta de los Ewoks (1985) que incluso llegaron a estrenarse en salas comerciales en nuestro país. Obviamente Rogue one no será el último spin-off. Ya se habla de otros como el dedicado a narrar la juventud de Han Solo, Boba Fett o Chewbacca. ¿Acaso no fueron los episodios I, II y III las aventuras del joven Darth Vader? ¿Acabaremos viendo una serie llamada Tatooine con las andanzas de un adolescente Luke Skyawalker? Todo es posible, ya sabemos que Disney tiene pocos escrúpulos a la hora de hacer caja. El peligro reside en que estiren en exceso la franquicia hasta caer en el sinsentido o el ridículo. La cosa tenía su gracia hasta ahora pero la sobre explotación puede acabar por cansar a los fans. 

Rogue one ya nos informa ya desde el título que estamos ante una avanzadilla, el primer film que rompe el hielo en solitario (rogue significa solitario entre otras acepciones). Vamos, que Rogue one forma parte del universo Star Wars pero no es un episodio oficial de la franquicia. Aparece el rótulo de “Hace mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana…” pero no los títulos que se pierden en el espacio. Tampoco la partitura es del maestro John Williams, al cual un retiro tampoco le vendría nada mal, bien ganado se lo tiene. En Rogue one Michael Giacchino se basa en la mítica música de Williams pero no va más allá de la simple recreación. Su música recuerda a pasajes de sobra conocidos, pero no crea ninguna melodía destacable. Como todo en Rogue one, cumple su cometido de conectar con la saga original pero no innova ni fascina. 

La historia de esta Rogue one se sitúa cronológicamente justo antes del Episodio IV (Una nueva esperanza) con el que enlaza sin fisuras. Ahora, 40 años después, nos enteramos de cómo fueron las pesquisas para robar los planos de la Estrella de la muerte. ¿Realmente a alguien le interesaba saber cómo se robaron esos planos? La verdad es que no. Pero da igual, cualquier excusa es válida para volver a al universo de Star Wars y volver a disfrutar de la saga galáctica más célebre de la historia. Vamos, para que Disney saque tajada. Rogue One lo intenta dignamente pero se ha quedado a medias. Vayamos por partes.

El trailer de Rogue one ya nos avanzaba que Darth Vader aparecía en el film. Vader aparece poco y de forma casi testimonial, pero el interés del film sube bastantes enteros cuando su máscara entra en escena. Ahí está la voz de James Earl Jones en la versión original, en la versión doblada se ha tenido que sustituir la voz de Constantino Romero ya que el mítico doblador ya falleció. Darth Vader es quizás el mayor reclamo del film. Un villano que estaba en plena forma. También aparece Grand Moff Tarkin, interpretado en el film original por el gran Peter Cushing y fallecido hace más de 20 años. Pero la muerte no es impedimento a la hora de darle coherencia a la historia. Ni mucho menos. Con los modernos efectos digitales, se ha devuelto a la vida al gran actor británico. Lo cierto es que la cara digital de Cushing da el pego perfectamente, sus gestos se han copiado magistralmente y casi puedo asegurar que su interpretación es la mejor del film. Si no supieras que ese actor lleva muerto dos décadas, te creerías que un actor de carne y hueso todavía en activo, asombroso. No ocurre lo mismo con otro mítico personaje de la trilogía original cuyo nombre no voy a desvelar y que también ha sido generado por ordenador. El fan agradece los guiños en forma de cameos, pero alguno del final se lo podrían haber ahorrado. No digo más.

Lo más novedoso de Rogue one es ese creciente protagonismo de los roles femeninos en el universo Star Wars. Tanto en el Episodio VII con Rey como en este spin-off con Jyn Erso, las mujeres toman las riendas de la trama. Jyn Erso, encarnada por la estupenda actriz Felicity Jones (Un monstruo viene a verme, La teoría del todo), no es una princesa que debe ser rescatada por el joven héroe. La verdad es que el reparto resulta creíble pero desaprovechado. Dentro del bando de los rebeldes tenemos a personajes interpretados por el británico-paquistaní Riz Ahmed, el mexicano Diego Luna, el afroamericano Forest Whitaker, el hongkonés Donnie Yan y el chino Wen Jiang. Quizás sea una treta comercial de Disney para ganarse los mercados latino y asiático (lo más probable), pero se agradece la variedad étnica y que no estén generados por ordenador. Debo mencionar que la química ente Diego Luna y Felicity Jones es totalmente inexistente. Tenía que haber un droide, Alan Tudyk presta su voz a K-2SO, un sucedáneo de C3-PO cuyas supuestas gracias no lo son tanto. El padre de Jyn, Galen Erso, está encarnado por el danés Mads Mikkelsen (Hannibal) quien resulta tan inexpresivo como viene siendo habitual. Sin embargo, a mí quien me ha fascinado, como siempre, es la inquietante presencia de Ben Mendelsohn (Lost River). Eso sí es un villano que aterra con su sola presencia, sin máscaras ni respiraciones forzadas, un cabrón de una pieza corroído por la ambición. Una pena que el decepcionante guión no le haya dado más cancha a este personaje.

Disney ha contratado como director a Gareth Edwards, un tipo que con solo 2 películas de monstruos (Monsters y el remake de Godzilla) se ganó el respeto de la crítica y público. Edwards hace un buen trabajo, acepta el encargo y dirige siendo consciente que el éxito del reto se basa en contentar a unos fans que no quieren innovaciones. Con ser fiel a lo ya conocido tenía mucho ganado. Su film es un éxito si hablamos de continuidad con el universo Star wars en el que se engloba. Nada desentona ni resulta estridente. Edwards sabe rodar y se desenvuelve perfectamente en las escenas de batallas a pesar de haber actualizado algo la manera de presentarnos la acción. Hay más movimientos de cámara y acaba mareando un poco, algo que ya pasaba en El despertar de la fuerza. Sin embargo, Edwards está en piloto automático y se limita a rodar sin salirse un ápice de los cánones de la franquicia. Otra cosa hubiera sido impensable.

El problema de Rogue one no reside en la correcta dirección de Edwards sino en su guión. Se dice que una vez finalizado el rodaje, los capos de Disney se alarmaron con el resultado y decidieron reescribir el guión (en el que colaboró hasta Tony Gilroy) y volver a rodar buena parte de las escenas durante dos meses de rodaje extra. Todo ello explicaría los bajones de ritmo y la confusión reinante en el producto final. Peor aún, Rogue one se hace tediosa por momentos al público infantil y fracasa a la hora de presentar y desarrollar los personajes. Ni K2 consigue ser ese droide simpático ni las relaciones entre los personajes están bien plasmadas. Sirva como ejemplo el desastroso desarrollo de la pareja formada por Baze Malbus y Chirrut Îmwe (el oriental ciego). Un dúo que podría habernos proporcionado grandes momentos que se queda en nada. Una pena. A esta historia le falta ironía y un toque de humor, yo eché de menos a Han Solo y a esa pareja mal avenida que son R2-D2 y C3-P0.

 Ocurre que los efectos especiales, los diseños, el vestuario y las naves de Star wars están ahí, pero falta la magia. Rogue One tiene un final épico perfectamente rodado que no emociona lo suficiente debido a que no se ha dedicado el metraje necesario a desarrollar los personajes. En 133 minutos, no se consigue crear en el espectador la empatía necesaria. Entre tanto nuevo planeta y tanto viaje al híper espacio se han olvidado que, más allá de los efectos especiales, Star Wars enganchó a varias generaciones gracias a la identificación con unos carismáticos personajes. Y aquí el carisma no asoma por ningún lado.


Rogue one ni innova ni sorprende, es un sucedáneo innecesario que ni siquiera divierte lo que debiera. Cumple, pero nada más.

5,5

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buena Critica Luis..

Coincido contigo respecto a que no emociona Rogue one....

Yo personalmente sigo esperando que alguien explote Star Wars en forma mas seria... Mas espectáculo yo espero y mas drama...

No digo que sea muy oscuro, solo menos humor o intento de humor, escenas estúpidas, y mas seriedad y espectáculo serio..

Te acordás de El Señor de los Anillos Las Dos Torres....? Como hubo un drama exaltado en la batalla del abismo del Helm.... Algo así...

Y conste que cuando JJ Abrams tomo Elpidio VII decia que el era el indicado de darle a Star Wars el toque de espectáculo y seriedad... Pero quedo a medias..

Lo mismo esperába de Gareth Edwards...., pero igual quedó a medias...

Espero que Star Wars madure y de den espectáculo de una vez por todas..

Boberet Max dijo...

Dejen de joder. :v

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